El monte Nebo y el mar muerto en Jordania

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Vistas completas del mar Muerto hasta la costa de Cisjordania

Vistas completas del mar Muerto hasta la costa de Cisjordania

El atractivo de Petra parece eclipsar el resto de bellezas que podemos encontrar en Jordania. El efecto seductor de esta antigua ciudad nabatea es indudable. No obstante, a lo largo de nuestro viaje por Jordania encontramos otros destinos memorables como la historia que subyace tras el monte Nebo y las aguas del río Jordán, la sorprendente sensación de levitar sobre las aguas del mar Negro, la experiencia de sentirse un auténtico Lawrence de Arabia en el desierto de Wadi Rum y el placer de disfrutar del rico fondo marino del mar rojo en Aqaba.

Desde Ibrid alquilamos un coche para disfrutar de unos buenos días viajando por Jordania.

piedra-monte-neboSegún la guía de viajes, existen un par de agencias de alquiler de coches en Ibrid. Nosotros sólo encontramos una en la calle principal y alquilamos un coche por 25 dinares por día. Nos dieron el depósito vacío para devolver en el mismo estado y las llaves de un flamante Hyundai con 280,000 kilómetros en la espalda.

Casi finalizada la operación, tuvimos una gran sorpresa al ver que el señor se quedaba con uno de nuestros pasaportes. Nos indignamos soberanamente y finalmente cedió al cabo de unos minutos. Había visto esta práctica también en Turquía y conocía que eso podía llevar graves problemas, especialmente en la zona del Mar Muerto donde existen un montón de controles militares por su vecindad con Palestina. Así que ya sabéis, aunque os lo pidan, nunca dejéis el pasaporte como seguro de devolución del coche. Al fin y al cabo, ya tienen la fianza a través de la visa que en ese caso fue de 1,500 libras jordanas.

El coche era un Hyundai grande y esta vez con marchas manuales. Nada del otro mundo pero suficiente para llevarnos por Jordania y descubrir sus secretos.

Las carreteras y la forma de conducir en Jordania en comparación con sus países vecinos son cosa de otro mundo. Parece que en esta parte del planeta las rayas en la carretera, el respeto por los cedas y semáforos e incluso los radares han llegado. El estrés de conducir en otros países de la zona que habían realizado en anteriores viajes se convirtió en placer y con esa buena sensación nos dirigimos a la capital, Amman.

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Atravesando la ciudad, mucho más moderna que Damasco y con dos enormes rascacielos de 216 plantas, nos dirigimos camino hacia el monte Nebo.

Visita al Monte Nebo

Según la Biblia es aquí donde Moisés divisó la Tierra Prometida. Existe un memorial dedicado a Moisés y desde la misma montaña se tienen vistas a Galilea, Jericó y el Mar Muerto. Desafortunadamente el día no estaba para vistas así que nos quedamos con la imaginación de ver el Mar Muerto, las montañas de Cisjordania a lo lejos y visualizar a Moisés y a los suyos divisar por primera vez la tierra prometida y que tantos quebraderos de cabeza a dando a la política internacional durante largos siglos.

Monte Nebo

Monte Nebo

Descendimos la montaña en dirección al Mar Muerto. En esta zona existen muchos puestos de control por el ejército. Generalmente al ver que éramos turistas nos dejaron pasar sin problemas aunque en otros casos, quizás por curiosidad, nos pidieron los pasaportes. Nos acordamos más de una vez del listo del local de alquiler de coches cuando trató de quedarse con uno de ellos antes de alquilarlo. Esta zona se encuentra a escasos kilómetros de la frontera con Israel y las montañas de Cisjordania se divisan fácilmente a pocos kilómetros de distancia, de ahí el continuo control militar de la zona.

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En la carretera encontramos por casualidad un letrero que indicaba el lugar donde Juan Bautista bautizó a Jesús en el río Jordán. Hacía ahí nos dirigimos. El Mar Muerto nace en esa misma zona en su parte más al norte. Llegamos al lugar donde según la Biblia -y los agentes turísticos de hoy en día- bautizaron a Jesús. Aparcamos y un guía nos explicó que un autocar venía a recoger a los turistas cada media hora para llevarlos al lugar. La entrada salía por 7 dinares. Tras debatir un buen rato, observamos que no teníamos demasiado tiempo y finalmente optamos por seguir rumbo hacia el sur y pegarnos un buen baño en el Mar Muerto.

Los locales se preparan unos buenos picnics para disfrutar del mar Muerto

Los locales se preparan unos buenos picnics para disfrutar del Mar Muerto

Levitando en el Mar Muerto

Una buena parte de la costa del Mar Muerto pertenece a manos privadas de hoteles de la zona. No obstante, si vais por libre, veréis unos cuantos lugares donde parar en la misma carretera y disfrutar de sus playas de barro. Eso sí, la sal en el mar es abundante y no puedes salir de ahí sin pegarte una buena ducha así que el uso de los complejos turísticos de la zona es muy recomendable.

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Siguiendo la carretera que bordea al Mar Muerto encontramos un lugar a unos tres o cuatro kilómetros al sur de los resorts turísticos donde había coches aparcados. Preguntamos y observamos que un riachuelo se precipitaba de las montañas hacia el mar. Los locales aprovechaban el torrente para pegarse unos buenos chapuzones en el mar y limpiarse de la sal en la piel en el río y los charcos de agua caliente que iba formando.

Se acerca el atardecer en el mar Muerto

Se acerca el atardecer en el Mar Muerto

No nos lo pensamos dos veces y con los calconcillos puestos nos lanzamos al agua y entendimos rápidamente las típicas fotos de gente leyendo el periódico mientras se relajan sobre las aguas del Mar Muerto. Es una experiencia completamente nueva. Uno flota sobre el agua y apenas tiene que hacer esfuerzo alguno. Mientras hacíamos nuestras piruetas observamos las montañas de Cisjordania a un lado y a los locales en la playa fumando su argilla -o shisha- o relajándose en estanques de aguas naturales y calentitas del río. Fue un momento memorable del viaje.

Flotando en el Mar Muerto de Jordania

Flotando en el Mar Muerto de Jordania

Seguimos rumbo en dirección al sur. Pasamos por el parque natural de Wadi Mujib y por la península de Irisan que casi roza las costas de Israel.

Anochecía y proseguimos el viaje hacia Wadi Musa. Un puerto de montaña a través de una estrecha carretera nos separaba de nuestro destino en algo menos de unos 100 kilómetros. El coche no daba mucho de sí en las cuestas, así que con primera y algunas veces con segunda llegamos al lugar. Me hubiese encantado atravesar esa carretera de día ya que el paisaje montañoso, árido y posiblemente dibujado con alguna ruina nabatea parecía digno de asombro.

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