El bajo coste: Un nuevo concepto de comunismo social


Subirse a un avión de Ryanair hoy en día se está convirtiendo en algo así como montarse en un tren en la India. Cada cuarto de hora alguien pasa por los pasillos pregonando su mercancía: Samosas o compras del duty free, chai o cafetitos, birianis o boletos de lotería. Ya no sabes si el pasillo del avión se ha convertido en una especie de rastro madrileño o en una medina magrebí.

Si tenías pensado subir a ese avión que salía a las 7 de la mañana porque era más barato y pegarte una buena siestecita hasta llegar al destino, olvídate. Tu gran enemigo, ese tipo agarrado al micrófono, te va a amargar la siestecita pregonando su mercancía, te contará también los metros de altura sobre los que vuelas sobre tierra o qué pueblecitos estás sobrevolando ahora mismo que tratas por enésima vez de echar una cabezadita infructuosamente.

Son tiempos de bajo coste. En Londres tienes wifi gratis si permites propaganda en tus conexiones. Con los aviones pasa lo mismo: puedes permitirte fines de semana sin rascarte el bolsillo y por 80 euros te vas a Dinamarca aunque sólo sea para pegarte una farra de fin de semana o a Dublín por 40 y gastarte el resto de compras.

Todo tiene un precio y si uno sabe a lo que se expone y quiere pagar el precio por ello: perfecto. Quien todavía se suba al avión pensando que es un privilegiado por qué puede montarse en él que se abstenga.

Yo me quedo con la primera opción: El bajo coste como igualdad de masas. ¡Viva el comunismo social de la aviación!

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