Diarios de un viaje de 2 meses por el sur de África (parte 3)

Atardeceres de Vilanculos...

Atardeceres de Vilanculos…

Aquí os dejo la tercera parte de mis diarios sobre mi viaje de 2 meses por el sur de África. ¡Disfrutando de las playas de Mozambique!.

10 marzo 2013, Maputo (Mozambique), en un hostal del centro

¡Qué gran finde en Maputo!.

Estoy cansadísimo porque la verdad es que no he parado desde que salí de casa, hace ya más de 2 semanas.

La gente aquí es espectacular y he decidido que pasaré un finde más cuando esté haciendo el camino de vuelta. Mañana cogeré un bus que nos llevará (viajo con la chica holandesa, majísima pero me dejo el cuello cada vez que tengo que hablar a semejante pica) 1.200 kms al norte. Allí hay un sitio que se ofrece a rimas jugosas: Vilanculos.

Es una ciudad de playas maravillosas y el mejor punto para bucear en todo África del sur. Me bañaré en las aguas del Índico y, si me cuadra todo, voy a hacer snorkelling en una barrera de coral considerada de las mejores del mundo. Dicen que puedes ver mantas rayas gigantes, tiburones ballena y todo tipo de vida marina. Las islas del archipiélago de Bazaruto son, de por sí, una pasada. Playas de dunas de arena blanca y aguas preciosas.

Me quedaré unos días descansando del ajetreo de estas semanas y haciendo vida playera. No sea que me vaya a estresar.

Hoy hemos estado de despedidas con la gente del hostal y el taxi nos esperara en la puerta a las 3.40 am (son las 21.40 ahora..así que a sobar en nada) para llevarnos a la parada del bus y meternos 10 horas de carretera.

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Os seguiré contando desde allí, ¡entre bañito y bañito!.

Bazaruto y sus playas

Bazaruto y sus playas

17 de marzo 2013, Vilanculos (Mozambique), Baobab beach hostel

Eu amo MoÇambique,

Esto resume a la perfección los 10 días que llevo en el país.

La gente de este país acumula cantidades ingentes de simpatía y buen rollo. Los locales mas abiertos que encontré en mis viajes. Mañana dejaré Vilanculos con muchísima pena. Solo hemos estado aquí una semana y ya tenemos nuestro restaurante fijo en el mercado central. Ayer hacía tanto calor (y tenía una leve resaca) que no fui a comer a casa Litossa (así se llama la mujer que cocina un menú de 2 platos al día). Pues me llamó por la tarde para preguntar si estaba bien y preguntar por qué no había ido a comer. Así es la gente aquí.

Estos días hemos tenido vida de playa. Relajación, hamacas entre palmeras cocoteras, playa (aunque el Sol pega mal), comidas, cenas, charlas con la gente del hostal y una salidita nocturna memorable.

Hacia el interior de la isla hay agua dulce y vegetación

Hacia el interior de la isla hay agua dulce y vegetación

 

El jueves fuimos al parque nacional del archipiélago de Bazaruto. El precio (50 euros) me parecía un poco exagerado pero valió la pena. La isla de Bazaruto es de una belleza sobrecogedora. Dunas gigantes desde las que se pueden apreciar las aguas de distintos colores que rodean las islas. La isla es grande y está habitada, y alrededor hay zonas de coral. Allí nos sumergimos con tubo y aletas y vi peces de colores tropicales y 3 rayas de lunares púrpuras. Fui el único que vio las rayas y un delfín oscuro en pleno salto, así que tuve mucha suerte.

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He leído que los tiburones ballena se ven en Tofo, el lugar al que creo que me dirigiré mañana. Digo “creo” porque aquí cada día pienso una cosa. Ir a Tofo significa acercarme a Maputo y la salida del país, pero Mozambique me tiene hechizado y no quiero dejarlo. Hacia el norte, las distancias son enormes pero dicen que merece la pena. Mi idea inicial era hacer Sudáfrica, Swazilandia y Lesotho pero sé que en ninguno de ellos encontraré gente como la que vive aquí. Y al final este viaje no es tanto para ver paisajes como para conocer gente local y sus costumbres.

El viernes conocimos muchísima gente cuando salimos con unos chicos mozambiqueños. No recuerdo la última vez que había bailado tanto.

Las barcas con las que hicimos la excursión. Saliendo de la costa de Vilanculos

Las barcas con las que hicimos la excursión. Saliendo de la costa de Vilanculos

 

Fuimos a una zona de barracas donde había bebida y música. Estaban en la arena y para llegar usamos linternas porque apenas hay iluminación pública en Vilanculos.
Allí niños y mayores bailaban y a la 1 nos fuimos al Afro Bar, parecido a una disco al aire libre. Las chicas blancas se llevan gran parte de la atención del público masculino, pero hablar portugués es un gran plus y por ello hice amigos y amigas y me pegué grandes bailoteos con unos y otras.

A las 5.30 am, con oscuridad total en las calles de arena y casi amaneciendo, volvía al Baobab (nuestra casa aquí) caminando. En Lonely Planet pone que no se debe caminar por ahí ni de día y yo me pregunto si alguna vez realmente vinieron a Vilanculos y llegaron a hablar con la gente.

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He conocido a varios expatriados aquí. Dos argentinas, sudafricanos, un noruego… Mecánico, camarero, ayuda con niños… Cada uno hace una cosa distinta que podrían hacer en cualquier otro sitio. Simplemente vinieron aquí de paso y no pudieron marcharse. Y les entiendo. La impresionante belleza natural y humana de Vilanculos ejerce de tela de araña para los insignificantes seres que pasamos por aquí.

Sólo llevo una semana y me siento parte del lugar. Los pescadores que faenan en la playa (de increíbles mareas) me saludan cuando salgo a correr. La gente de los puestos del mercado central, los niños que salen del colegio y saludan y se parten intentando practicar un poco de ingles…

Si me mudo algún día a África, también escogería Vilanculos.

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4 Comentarios
  1. Sarita (Gastando Suela) 27 mayo 2015
  2. David 28 mayo 2015
  3. Sarita (Gastando Suela) 11 junio 2015
  4. David 16 junio 2015

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