Notas de diario antes de un viaje de largo tiempo

Sólo quedan cinco días para partir. Hoy hemos hecho un cena de despedida con la familia. Cada día me ven más como la oveja negra. Cada uno con su hipoteca y yo, a los 30, con la mochila preparada para buscarme la vida en el extranjero. Y al ver esto, me doy cuenta de la realidad que me envuelve. A veces sería incluso capaz de tirar todos mis proyectos por la borda por un amor correspondido aunque con él viniera una hipoteca y un trabajo fijo de por vida. Según el momento pienso una cosa y en otros todo lo contrario…

Mi padre hoy me ha dado un gran regalo con unas palabras que no me esperaba. No me esperaba que realmente entendiera mi viaje tal y como lo ha descrito y la verdad es que me ha sorprendido y alegrado. Es posible que guarde en su interior una pequeña sana envidia de haber nacido en una época donde todo esto no era posible en su juventud. De todas maneras, ellos seguirán este viaje ya que yo los llevaré dentro de mí en cada pequeño paso, en cada pequeño recuerdo que me ofrezca el viaje.

Me alegra y me reconforta ver que mis correos a distintos lugares de Vietnam hayan dado sus frutos y veo que entrevistas de trabajo no me faltarán. Ahora hay que ver, no en la distancia, sino en el tete a tete, como funciono y si tengo la fuerza necesaria para buscarme la vida con un trabajo que me guste (aparte de profesor pocas posibilidades más tengo…) y tener todos los papeles preparados. Al menos, puedo decir que la preparación hasta ahora ha sido buena y hay que ver la reacción y la sensación cuando ponga definitivamente mis pies por primera vez en Bangkok.

Ahora viene el momento difícil del que me hablaba mi amigo de Canadá en Pamplona del que me he olvidado su nombre. Lo más difícil es el primer paso. En el momento que lo superamos y vamos hacia delante ya nada nos para y somos libres de hacer y deshacer, de volver, de ir al norte o al sur, al este o al oeste. Da igual la brújula, siempre y cuando, sigamos aquello que queremos sin tener en cuenta el orgullo, las manías o lo que sea. Saber escuchar bien lo que el corazón nos pide y simplemente seguir sus pasos. Y qué mejor manera que en un país extranjero, en un continente totalmente extraño donde sólo yo mismo me podré reconocer sin las lasitudes que me dominan, ni teles, ni músicas, ni internets que nos sedan para no pensar y no escuchar lo que realmente necesitamos escuchar, lo que realmente es necesario y disfrutar de estar continuamente con los sentidos alertas.

Acomodado a la vida fácil, sé que los primeros días chocan y posiblemente lo pase mal al ver que no hay vuelta atrás y que deberé realizar un esfuerzo al cual no estoy ahora acostumbrado. Ya lo viví en Leeds. Ya lo vi también en Irlanda, en Talaixa, en Pamplona. En mayores o menores escalas. Ahora será otra y cada vez me conozco más a mi mismo y estoy más seguro de mis propios pasos y quiero disfrutar de sentirme abierto al día a día. A las sorpresas inesperadas. A las aventuras y al estar atento a cualquier cosa el 100% de los momentos.

Esto posiblemente sea lo último que escribo en este diario antes de marchar. Estoy escuchando Sabina como hacía en Hunters Run y me acuerdo de la habitación de Anne donde viví unos meses. Donde escribí grandes poemas, de los mejores, algo que no sucede demasiado en estos días por no decir ninguno.

Seguramente habrá gente de las que no podré despedirme, pero que le vamos a hacer, tampoco podemos estar en todos lados. Es curioso que este sea el último sábado antes de partir y me encuentre solo escribiendo en mi diario personal. He preferido quedarme en casa repasando un poco lo que llevo dentro y despedirme posiblemente para siempre de este diario, al menos por una temporada, y volver a un nuevo diario con otras vías que enfocar. Despidiéndome a la vez de esta etapa de vuelta de Irlanda. Es evidente que cuando vuelva de Asia las cosas volverán a ser distintas y abriré una nueva etapa en mi vida.

Echaré de menos este PC, la facilidad de llegar a casa y tener las cosas a punto como quiero, de tener mi habitación para lo que quiera, la cocina y la calle de habla catalana y los precios establecidos y sin confusiones. Lo echaré de menos. A la vez me irá de maravilla encontrar algo que nada tiene que ver con la vida cotidiana que me regala cada día Barcelona. Quizá merece más la pena de vez en cuando encontrarte en una habitación extraña, en una cocina donde no sabes que acabarás cocinando, en una calle y unas tiendas donde nunca sabrás al principio qué precio valdrá ese chisme ni en qué lengua están hablando. Quizás a veces merece más la pena ir perdido por la vida para volverse a encontrar. Son esas paradojas que nadie entiende hasta que te encuentras metido en ellas.

Me voy y seguramente dejo cosas a medias. Como despedirme tal y como se merecen unas cuantas personas a las que no podré ofrecer mi tiempo. Los detalles los tengo en mi diario personal. A escaparme por los Pirineos, a volver al sot llobater en el Montseny, a correr si las rodillas me lo permiten por la Sierra de Marina, la Font de la Teula y la Torreta, a volverme enamorar con cualquier otra y mil otras cosas pendientes que a la vez me hacen feliz partiendo a Asia; sabiendo que tengo muchas cosas para hacer cuando vuelva a casa.
Ahora abandono el PC y me tocará acostumbrarme al boli y a la libreta. Y con el tiempo, quién sabe cuando vuelva, a rescribir mi vida de nuevo en este diario.

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2 Comentarios
  1. daniel 6 junio 2005
  2. Danny Valls 7 junio 2005