Desnudo en la frontera de Uruguay

El policía era más alto que el de la foto, éso sí.

Cuando mi familia y amigos saben que me voy de viaje siempre ponen el típico careto que reza a ver qué le pasa esta vez. Pues sí, la verdad es que soy bastante propenso a que me ocurran cosas inverosímiles en mis viajes. Me han robado tropecientas mil veces de varias formas distintas, he quedado perdido en la jungla después de un accidente de rafting, he tenido el cuerpo repleto de picaduras de pulgas y una garrapata se vino conmigo pensando que era un perro y sufría una fatal coincidencia en la India cuando nuestro coche embistió un buitre y nos confundieron con unos que habían atropellado a una niña y salieron corriendo. Aquella fue la más grave y que podía habernos llevado a una cárcel a no ser porque apareció el verdadero culpable atrapado en el control policial de turno.

Lo que me pasó hace 2 días fue otra para contar.

Tomé el micro nocturno que me llevaría de Buenos Aires a Montevideo, donde tengo amigos a los que he venido a visitar. A las 3 am llegué a la frontera totalmente somnoliento. Tras el rutinario sellado de pasaportes vimos un gran revuelo porque habían pillado a un pardillo intentando pasar 9.5 kilos de cocaína en estado extraño (parecía algodón más que coca) y envueltos en una tela con los colores del Racing de Avellaneda, un equipo de la Capital.

Todos los policía andaban alborotados. Hicieron fotos con el cargamento, con el detenido, etc…etc…Una auténtica feria a las 3.30 am. Pero necesitaban algunos payasos más para el numerito.

Y…¡Qué casualidad! Me fijo en el pasaporte que uno de los maderos lleva en la mano y ¡Zas, en toda la boca!: rojo, franjas y escudo de España. En ese momento supe que la cosa no pintaba bien.

A los pocos minutos oí que alguien gritaba mi nombre por algún lado. Cuando levanté la mano -tal y como había aprendido en la escuela- vino un tío sin uniforme a pedirme de nuevo el pasaporte “para ver si apunté un número mal“. ¡Claro hombre! ¡Cómo no!. Al minuto me lo devolvieron.

Llegó el momento de revisión de equipajes. He pasado muchas fronteras en mis viajes y en la mayoría de los casos la gente de la compañía de bus se dedica a pasar las bolsas grandes y los pasajeros llevan las de mano. Yo fui a la cola con la de mano y cuando me tocó el turno me preguntaron dónde estaba mi mochila grande. Fui a por ella, levantando aún más sospechas entre la prole policial.

El lado argentino fue bastante bien. Me revisaron la mochila, me hicieron un par de preguntas y me pasaron al lado uruguayo. Fue más o menos el trabajo de Poncio Pilatos antes de pasarme a los fariseos. Ellos sabían que el lado uruguayo me iba a revisar a fondo.

Con toda su jeta vino un oficial uruguayo a decirnos a 2 tipos más y a mí que habíamos sido seleccionados por sorteo para una inspección rutinaria. Este año compré la lotería de Navidad en la administración de al lado de donde tocó en Alicante -aún lloro y tengo escalofríos cuando me acuerdo de éso ;)- pero el sorteo de “te vamos a dejar en pelotas hasta que encontremos esa droga como sea” sí me había tocado. ¡Qué alegría más grande, joer!.

Dos preguntas rápidas y rutinarias a los otros chavales y mientras, un oficial que encarnaba el conocido papel cinematográfico de poli malo doblaba y comprobaba cada página de mi pasaporte. Llegó un momento que tocaba la parte plastificada y sonreía a su compañero con una expresión que dictaba sentencia: “esto es falso y lo vamos a pillar como al otro gallego“. Un águila el chaval. Olía la sangre y estaba contento.

Yo estaba flipando al ver su cara.

Fui el primero en entrar en la sala de inspección, pero esta vez por petición expresa del poli malo. No hubo sorteo. Igual fijo que me habría tocado porque estaba en una racha innegable.

Aquel machote, que medía menos que yo tanto de largo como de ancho pero cuya pistola imponía algo más que mi bolígrafo, me tomó del hombro con actitud paternal y me dijo: “¿Tienes algo que quieras declarar antes de comenzar?”. Yo respondí: “Un bote de tomate y spaghuettis, pero no sé bien cómo va el tema de la cuarentena aquí“. Al pavo no le sentó muy bien la respuesta y empezó la inspección.

Revolvieron hasta la última cosa de mi bolsa y después empezaron con el correaje y demás. No había nada.

Me hicieron quitar la chaqueta, el jersey y la camiseta. Nada. La cosa se torció cuando vieron que llevaba una media de presión en la pierna derecha para contener mi problema de drenaje linfático que tengo desde una operación que ocurrió hace 10 años.

El menda pensó que ya tenía lo que buscaba y me hizo sacarme todo lo que me quedaba puesto. Los otros policías estaban un poco desconcertados y me preguntaban sobre la enfermedad y mi problema. Yo contestaba tranquilo a sus preguntas, les contaba cómo había pasado y demás. Mientras, el poli malo seguía con su táctica de acoso y derribo y cruzaba preguntas sin sentido para ver si me contradecía en algo. “¿De dónde eres?“…”No te jo…Si tienes mi pasaporte en la mano. ¡Español!“. Les tuve que contar todo mi recorrido en Sudamérica pero mi historia era totalmente convincente por el mero hecho de ser verdadera.

Al final el pavo no encontró nada y me mandó vestir de nuevo. Hombre, tampoco estoy tan mal pero se ve que no soy su tipo.

Cierto sentimiento de culpa se abatió sobre los otros polis y me dieron conversación y dijeron que sólo era su trabajo, que tenía que entender… Pero la verdad es que no me molestó y en el fondo pensaba “Menudo articulito que va a caer con esta historia. Lo que no me pase a mí…”. Así es, mis viajes siempre tienen algo como ésto y la verdad es que ¡los hace mucho más divertidos!.

Buena entrada a la República Oriental del Uruguay.

11 Comentarios
  1. Javier I. Sampedro 18 agosto 2011
  2. Pau 18 agosto 2011
  3. Dinin Dinin Dinin 18 agosto 2011
  4. Yola 24 agosto 2011
  5. David Escribano 25 agosto 2011
  6. Rafael 1 septiembre 2011
  7. David Escribano 2 septiembre 2011
  8. Roti 4 septiembre 2011
  9. David Escribano 6 septiembre 2011
  10. Kiril y Ana 17 febrero 2014
  11. David 17 febrero 2014