Buscando alojamiento en Bangalore a precio medio

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Tenía reservado un billete de autobús para el mismo día desde Pondicherry a Bangalore a medianoche. Tuve suerte ya que el autocar estaba lleno y habían cancelado una plaza durante las últimas horas. No pensaba que viajar entre semana pudiera traer problemas de reservas pero por lo visto los indios no paran de viajar.

El billete me costó apenas 130 rupias para realizar un trayecto de unos 250 km. No me extrañó entonces comprobar que se trataba de una de las peores tartanas que circulan por India. A medio camino se estropeó el cambio de marchas y tuvimos que esperar a un mecánico para que arreglara el autocar. Entre cabezaditas y cigarrillos esperamos y afortunadamente pudimos reemprender rápidamente la marcha hasta Bangalore.

Lo primero que hice fue subirme a un rickshaw -de hecho al tercer rickshaw que paré ya que al primero “no le funcionaba el meter” y al segundo no le dio la gana de llevarme a Indira Nagar- y me dirigí al hotel de 3 estrellas donde había estado alojado la semana anterior.

Les pedí cuanto valdría la habitación menos lujosa y me quedé de piedra; 5,000 rupias la noche -más de 80 euros-. En las ciudades de India no existe termino medio; o pagas locuras por un poquito de lujo (y tampoco había para tanto en el 12th Avenue: un básico tres estrellas europeo) o pagas unos 6 o 7 euros para una simple y sencilla habitación con baño propio.

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Cruzando una de las extensas calles del centro de la ciudad

Así que repasé la guía y me subí a otro rickshaw en busca de algo más asequible para mis últimas dos noches en Bangalore.

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La primera opción resultó estar completa y cuando me encaminaba hacia la segunda, cansado de haber dormido poco en el autocar aquella noche, se me acercó un tipo preguntándome si quería una habitación por 500 rupias. Tenía su propio rickshaw. Era una de aquellas situaciones en las que necesitas estar alerta y controlar la timada que te van a pegar o pasar simplemente de él y seguir tu propio camino.

Cansado como estaba, por dentro ansiaba acogerme a la segunda opción y que me dejara en paz. No obstante, me sorprendí a mi mismo metiéndome de pleno en el juego y le ofrecí una rebaja a 300 rupias por la habitación si visitaba un par de tiendas para turistas. A él le gustó el trato -al fin y al cabo sacaba tajada del hotel y de las tiendas- y nos pusimos manos a la obra.

Así pues, eché un vistazo en un par de tiendas a las que me llevó en rickshaw, me compré un elefantito para regalar y finalmente pude tirar la mochila, pegarme una ducha y echar una buena siesta en el Citizen Lodge, en Shivaji Nagar, en una habitación simple, algo sucia, aunque con su propio baño y mini-tele.

El objetivo de la jornada había consistido en buscar un hotel a precio medio y había acabado en un alojamiento más cercano al standard cutre del país. En India, como siempre, no hay término medio, o sueltas la tarjeta de crédito o unos pocos billetes con la figura de Gandhi.

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