China (6) De Shangri-la a Daoghang: Un viaje accidentado

El despertador sonó a las 6 y en ese momento sabía que me esperaba un largo día de autocar hasta llegar a Daoghang pero sin duda desconocía completamente que aquel seria un trayecto tan accidentado y tan y tan largo…

A las 7 partió el autocar conmigo como único turista a un pueblo que no aparece ni en la Lonely Planet pero que esta cerca de un parque nacional y esta sumido entre las montañas tibetanas de Sichuan y a camino de Litang en dirección a Chengdú, la capital de Sichuan.

El camino, a veces de tierra otras de asfalto, se iba adentrando por el valle y bordeando a un viejo conocido: el Mekong. Nos conocimos en Vietnam donde se expandía enormemente y ahora nos volvemos a encontrar, esta vez, juvenil y poderoso, recién nacido de las montañas del Himalaya.

Al cabo de dos horas de trayecto la carretera estaba cerrada por un deslizamiento de tierra. Una grúa trabajaba para despejar el camino mientras nosotros, una cincuentena, nos lo mirábamos con las manos en los bolsillos. Las lluvias del monzón son abundantes y durante la ultima semana no ha dejado de llover.

Una vez despejado el camino, hemos podido continuar hasta apenas unos kilómetros más. El río Mekong había completamente desbordado la carretera y un jeep se había quedado atascado en ella. Hemos salido todos y nos pusimos a empujar el coche. Lo hemos sacado de la carretera pero el motor estaba muerto, así que el conductor del autocar no se lo ha pensado dos veces y con una cuerda hemos atado el jeep en la parte posterior del autocar.

No llevábamos mas de una hora de tranquilo trayecto con vistas impresionantes del río, esquivando piedras por el camino, cuando el conductor se ha parado. Ha cogido un hacha que llevaba bajo el asiento y ha empezado a dar golpes bajo la máquina! No tengo ni idea a que se dedicaba el tipo pero quiero pensar que se trataba de barro enganchado o algo así… El conductor ha vuelto a su asiento, me ha sonreído con su hacha en la mano a lo Jack Nickolson y hemos vuelto a reemprender el camino.

Aunque no hemos tardado mucho en encontrar un grupo de chinos que bloqueaban el camino. Decían que habían limpiado la carretera de las piedras que se habían deslizado de la montaña y querían cobrar peaje. Debido a su insistencia y a su presumible mala leche el conductor no le ha tocado otro remedio que pagar y callar.


Parecía todo irreal. Llevábamos 7 horas de trayecto y a cada hora parecía ocurrir alguna cosa nueva y todas por supuesto, relacionadas con el mal tiempo que ha desbordado los ríos y lanzado piedras como gotas de agua de las montañas.

Pero todo no acaba aquí. Al cabo de medía hora el camino volvía a estar cortado y habían una infinidad de autocares y coches a los lados. He andado a ver que ocurría y lo más esperado y a la vez más temido, casi 2 toneladas de roca se habían desprendido de la montaña imposibilitando completamente el acceso. Gente comiendo noodles, otros echándose una siesta, otros jugando a cartas… Parecía que iba para largo y no había ninguna grúa tratando de limpiar el camino. He conocido a una pareja francesa que habían salido de Zhongdian el día anterior y habían pasado la noche en el autocar! Las perspectivas no podian ser mejores. Fui a ver el desprendimiento y se trataba de una colosal pira de rocas cortando la carretera. Había furgonetas y autocares a ambos lados y la gente se lo tomaba muy tranquilamente, quizás debido a las 20 horas de espera y al cansancio acumulado.

Hicimos un grupo de guiris entre los dos franceses, dos israelíes y dos ingleses que se hallaban en la misma desafortunada situación y fuimos al pueblo cercano a comer unos noodles y contar nuestras historias para hacer la espera más amable.

Al cabo de 3 horas llegó finalmente la grúa. Fue todo un acontecimiento observar como la grúa arrojaba todas esas toneladas de piedra al río. Fueron dos horas de reunión familiar donde cada uno comentaba la jugada y los nativos que venían de las montañas se unieron a la fiesta. Al final buen humor y un aplauso de 200 personas al conductor de la grúa y vía libre!

Los motores se volvieron a poner en marcha y atravesamos un puerto de 3800 metros en cuya cima se dispersaban casas tibetanas con sus coloridas ventanas y puertas. El conductor pareció darse cuenta que quizás hacia tarde y no dejo soltar la cuarta marcha bajando el puerto muy a pesar del precipicio que nos saludaba y la niebla que nos tragaba!

Las piedras en medio de la carretera continuaban apareciendo y finalmente ocurrió lo más habitual que puede acontecer en estos casos: Si, efectivamente, pinchamos! Oímos el ruido como si fuera una pequeña explosión y sorprendentemente el conductor se giro hacia nosotros, se puso a reír a carcajada limpia, y no paro! Siguió recto como si nada pasara y cruzamos otro puerto, éste de 4200 metros, aire puro, tan puro que iba casi limpio de oxigeno!

Al llegar al siguiente pueblo ya eran las 11 de la noche. Paramos a comer alguna cosa y cambiamos la rueda. Es una pena que no entendiera “ni cazzo” de chino ya que el conductor parecía ser un cachondo y la gente no paraba de reír. Por suerte, una chica del autocar hablaba ingles y me informo que la carretera a Daoghang estaba cerrada y que debíamos coger una carretera secundaria que nos llevaría 3 horas mas de viaje. La verdad es que no entendí muy bien porque seguían riendo…


Seguimos camino adelante por entre montañas y para seguir con nuestra buena suerte volvimos a pinchar rueda. Evidentemente ya no había mas rueda de recambio que valga y el conductor cambio la posterior por la delantera y adelante!

Me adormecí y quizás pasaron mas cosas durante esos momentos, pero afortunadamente cuando desperté habíamos llegado al pueblo que el día atrás había escogido con el dedo al azar y juntos nos metimos en el primer hotel que encontramos. Son las 2 de la noche y estoy metido bajo dos mantas, a 4000 metros de altura, en una habitación doble que me ha salido por dos euros y tras 17 horas de viaje para recorrer únicamente 300 kilómetros. ¡Creo que de Barcelona a Bangkok tarde menos!

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