De curro por Bangalore: Primer día de oficina


Bien, hoy ha sido el primer día de oficina en Bangalore y verdaderamente ha sido bastante intenso.

Es curioso llegar en taxi a la oficina sorteando rickshaws, alguna vaca perdida, miles de motocicletas y Suzuki Maruti’s serpenteando por las calles mal asfaltadas de la vibrante Bangalore.

Al llegar a la planta donde debía encontrarme con mi contacto, me ha sorprendido una bonita alfombra de pétalos que anunciaba “Welcome”. A nadie más esperaban salvo a mí, así que me han dejado sin palabras. Con cosas de este estilo te quedas tan abrumado que no sabes ni qué decir. A partir de aquí han venido las presentaciones y reconocer las caras de tanta gente con la que he entablado conversaciones durante los dos últimos años.

Verdaderamente son gente fantástica. Tienen la paciencia de hierro y son mucho más listos de lo que a veces los europeos se creen. Desde aquí puedes ver las miradas de complicidad que se hacen entre ellos cuando reciben alguna respuesta dudosa de algún cenutrio europeo, cosa que por teléfono uno es incapaz de comprobar.

Las oficinas están montadas al estilo convencional, por supuesto, pero por dentro las cosas funcionan de manera muy distinta. Todas las chicas van en sari y los chicos arreglados, salvo el viernes que es el casual day. La mayoría lleva pintado la señal hindú en su frente, en el area de descanso hay más chai que café y en la cantina tienes biryani, curries, samosas y tandoris en lugar de pastas y bistecs.

Alrededor de la oficina se aglutinan un montón de rickshaws en la hora de entrada y salida. También hay estantes donde venden té y cualquier otra inventiva. Pocos son los que salen a fumar y, ni mucho menos, encontrarás una mujer entre ellos.

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El día nos lo hemos pasado dando trainings, paseando y saludando por la oficina, tomando chais y poco más. Cuando estás dando una presentación entre hindús hay que acostumbrarse a ver cómo las cabezas no paran de decir que no mientras explicas alguna cosa. Al principio sorprende pero estoy seguro que acabaré la semana moviendo la cabeza de la misma manera para asentir.

La jornada se termina a las ocho y media de la noche y ya no queda tiempo para mucho más. Un taxi-furgoneta de la misma compañía que lleva a los empleados a casa por zonas -menda incluido- y de vuelta al hotel con pocas ganas para más.

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