De curro por Bangalore: Primer contacto

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Tras un vuelo de casi 20 horas ya estoy en Bangalore. Me pasé el sábado entero entre aeropuertos, aviones y un montón de hindúes tecnológicos con sus portátiles en Londres Heathrow compartiendo destino.

En el Boeing de British Airways me tragué tres películas enteras -en el asiento delantero tienes una pequeña tele donde existe una buena selección de pelis y series- con lo que se me hizo el viaje más llevadero. No está mal contemplar las cuchilladas del barbero Sweeney Todd, abrir la ventana y comprobar que el mapa no miente y estamos sobrevolando la iluminada Dubai mientras te sirven comida hindú para empezar a acostumbrar el estómago.

Al llegar al aeropuerto de Bangalore tenía un taxi esperándome -cosas que tienen los viajes de negocios- y he llegado al hotel a las cinco de la mañana, supongo que medianoche para mi cuerpo aunque ya no estaba con ánimos para responderme. Tras una siestecita he empezado la aventura por las calles de Bangalore.

Hacía tres años que no pisaba India y de golpe ha sido recordar multitud de cosas: las aceras no existen, uno anda salvando obstáculos y escapando de las ramas de los árboles, la sensación de humedad asfixia, los coches siguen tarareando esos politonos cada vez que tiran marcha atrás, los chais por la calle siguen estando estupendos y valiendo un par de rupias, las bocinas no paran de sonar, las vacas siguen atravesando carreteras con total normalidad, el caos organizado de las calles sigue imperando y la comida es barata y encima riquísima.

El primer contacto con Bangalore me dice que los contrastes aquí son mucho mayores que en Delhi o Mumbai. Los campos de golf son grandes y verdes como en Escocia y las chabolas igual de deprimentes que en cualquier otra metrópolis hindú. Los rascielos abundan y también la pobreza en las calles. Aquí no las esconden como en China, pueden estar tras la esquina de un centro comercial o tras la tienda de tecnología de última generación.

Lee:
De curro por Bangalore: Planeando el viaje

Mañana seguiré la jornada habitual de un trabajador cualquiera en la India. El horario se adecua a la disponibilidad europea, de 11:30 a 8:30 de la noche, y será curioso pegarse unos chais y unos chapatis entre trainings y presentaciones.

¡Mañana os cuento a ver si me esperan con saris y mandalas! :)

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2 Comentarios
  1. José Leonardo 5 octubre 2008
  2. Quique 6 octubre 2008