De copas por el aeropuerto de Lima


Llegué al aeropuerto de Lima al siguiente día con la esperanza de recuperar la mochila. El papel de reclamación me permitió adentrarme en la zona de equipaje y ahí me encontré con Cristina y Blanca y los demás compañeros de aventura en ese dichoso vuelo procedente de Caracas.

Las chicas madrileñas contaron que les habían robado la mochila de mano que llevaban encima en un bar del centro de Lima. Se trató de un despiste, de un robo sigiloso del que no se dieron cuenta. Por fortuna, solo se trataba de ropa. Aun así, eso no les quitaba el mosqueo y la sensación de ir pisando terreno blando y mal oliente desde el día en que pisaron el país… para no decir mierda.

Empezaron a salir las maletas en cuenta gotas y pegué un salto de alegría al ver salir la mía. No obstante, sólo aparecieron algunos de los equipajes embarcados. Blanca y otros pasajeros tuvieron que ponerse en la interminable cola de reclamaciones y volcaron su impotencia a unas chicas que repetían a modo de autómata lo que les habían enseñado en sus trainings.

Las chicas partían a las cuatro de la madrugada hacia Puno y junto con mi amigo peruano las acompañamos a la zona de embarque. Y ahí fue donde la gota colmó el vaso para las pobres chicas. Por lo visto llevaban la reserva de vuelo en la dichosa mochila que les habían robado en el centro aquella misma mañana y en el mostrador de LAN les dijeron que sus nombres no constaban en la lista de pasajeros.

Juan Manuel se miró el desfile de muchachitas peruanas perfumadas, maquilladas y encantadas de hacer llorar a un par de extranjeras más guapas que ellas y les pegó una mirada seria y sin palabras. Estas hicieron unas breves consultas en otro ordenador y por arte de magia todo se arregló y sus pasajes aparecieron por fortuna.

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Quedaban tres horas y lo celebramos tomando unos pisco sours en el aeropuerto. Sin duda, la bebida estrella en Perú.

Fue una de esas improvisadas situaciones que sólo ocurren en los viajes. Nos reímos de todo y planeamos cambiar nuestra ruta para hacerla coincidir en Cusco un par de días más tarde. Me llego a tomar otro pisco y no hubiera dudado en saltar directamente al avión de Puno esa misma noche!

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