Disfrutando del Mercado Victoria de Córdoba

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Hace un par de años pisé Córdoba por primera vez. Fue impactante. He viajado por muchos lugares y comienzo a sentir – muy a mi pesar – que resulta algo más complicado impresionarme con cada paisaje, cada ciudad o cada nuevo monumento. Hasta que llegué a Córdoba. Una joya engarzada en la corona de califas árabes y reyes cristianos, entre el verde esmeralda de las aguas del Guadalquivir y el pardo ámbar de la Sierra Morena de Curro Jiménez.

Córdoba es digna de acaparar la atención de tus cincos sentidos las 24 horas del día. El tacto de la piedra antigua. A través de él sentirás el pasar de los años, el peso y la marca de una Historia que la hizo grande. Muy grande. Escucharás el fluir del agua del Guadalquivir bajo el mítico Puente Romano y la guitarra española sonar en alguna terraza, rasgada por algún alma despechada. En primavera, olerás la fragancia de los miles de flores que toman la ciudad y sus patios. Tu vista se colmará de impresionantes monumentos arquitectónicos, pero también de la belleza de sus habitantes, prueba irrefutable de la bondad de la mezcla racial. Y nos queda el gusto… Para impresionar al gusto en Córdoba, sólo tienes que visitar el Mercado Victoria. Yo lo hice el pasado fin de semana.

Orígenes del Mercado Victoria

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El Mercado Victoria abrió sus puertas en el año 2013, siendo el primer mercado gastronómico de Andalucía. Su historia se encuentra íntimamente ligada a la de la Feria de Córdoba, ya que el Mercado Victoria ocupa la antigua caseta del Círculo de la Amistad, levantada en 1877 y que tiene el honor de ser la más antigua de la Feria.

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El edificio, hecho de forjado recubierto de zinc, se encuentra en el Paseo de la Victoria, a un paso del casco histórico de Córdoba.

Qué encontrarás en el Mercado Victoria

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Pues, sinceramente, aquí puedes encontrar casi de todo. A diferencia de otros mercados más famosos, como el de San Miguel en Madrid o La Boquería en Barcelona, el Mercado Victoria no se centra sólo en las exquisiteces de la cocina española. Aquí puedes degustar deliciosos platos indios, japoneses, carnes argentinas, nachos mejicanos y algunas muestras de cocina de fusión. ¿Cómo no va a haber fusión en una ciudad cuya gloriosa historia ha sido labrada por grandes personajes árabes, judíos y cristianos? En un nivel mucho menos trascendental que éste, no puedes dejar de probar las pizzas de rabo de toro. No puede salir nada malo de una mezcla italo-cordobesa. Por supuesto, tampoco echarás de menos el buen jamón y el marisco. Faltaría más.

Pero el Mercado Victoria es mucho más que un simple patio de comidas de distintos países.

Se puede reservar salas para reuniones y eventos, alquilar sus cocinas o tomar unas copas en su pub y sus terrazas a distintos niveles.

También hay zonas para que los niños jueguen, se imparten talleres de cocina, show cookings, vienen cuentacuentos a entretener a los pequeños – y por qué no, mayores -, exhibiciones de danza, exposiciones de arte, etc. Es un espacio gastronómico-lúdico-cultural que, sin lugar a dudas, ha traído algo novedoso y exitoso a la ciudad de Córdoba.

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Mi experiencia en el Mercado Victoria

Cuando digo que es exitoso, es porque lo he comprobado con mis propios ojos.

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El sábado pasado fui por primera vez al Mercado Victoria. Lo primero que me sorprendió fue su bonito aspecto exterior. Cuando crucé el umbral de su puerta principal, me abrí a un mundo de sensaciones y olores. Podía sentir el olor de la carne a la brasa del puesto argentino. Unos pasos a la izquierda y las densas salsas hindúes se apropiaban de todo. Alguien pasó junto a mí justo cuando me encontraba aún más empanado que los flamenquitos que llevaba en su bandeja (una especie de rollito de carne y jamón, empanado y frito). Casi se los tiro, pero no me miró mal. El salero andaluz, ya sabéis.

Se me antojaba imposible elegir entre tanta variedad. Lo de escoger entre vino y cerveza era más o menos rápido. Lo otro podía exigir, perfectamente, titulación en teleco. ¿Qué hacer cuando todo está bueno? Lo de probar cada plato se nos pasó por la cabeza, pero de haberlo hecho, habría venido el tipo de Crónicas Carnívoras a ficharnos. Primeros españoles en ese show. Dudoso honor.

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Escogimos algunas cosas y tomamos asiento en una mesa baja de una de las terrazas. La temperatura – tras una semana de calor intenso – era agradable y no eran pocos los que habían escogido esa opción. El mercado rebosaba de vida. Parejas, grupos de amigos, familias… incluso un par de blogueros de viaje (dejan entrar a cualquiera). Un ambiente genial que se prolonga desde las 10 de la mañana hasta la madrugada.

Pulpo, arroz con tikka massala, flamenquitos, pizza de verduras, tosta de chorizo y huevo, sushi, empanada argentina, y alguna cosa más. No diré cuántos éramos para no quedar mal. Me quedé con ganas de probar uno de los salmorejos que elaboran en la Salmoreteca. Aquí encontrarás desde los más tradicionales, hasta salmorejos resultado de combinaciones imposibles de imaginar.

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Hicimos lo que pudimos y prometimos regresar por la noche para un show cooking.

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Cenamos como reyes en las cocinas privadas del mercado. Mari Carmen, la fantástica chef, nos demostró que se puede alcanzar el Nirvana sentado a una buena mesa (barra, en este caso). Entradas hechas con productos autóctonos – a resaltar la tosta de salmorejo con anchoa – precedieron a una merluza confitada con salsa de champiñones y salteado de setas y una carillada estofada al vino tinto con patatas a lo pobre. Espectacular.

Satisfecho con una cena sólo superada por la compañía, y con el excelente vino tinto corriendo por mis venas, observé a las bellas mujeres cordobesas y decidí que quizá fuera el momento de reconocer mis raíces y volver a casa. Mis amigos siempre me han dicho que tengo rasgos árabes (no en vano, mi apodo en Irlanda era Karim). Entonces, ¡qué mejor lugar para vivir que en mi viejo califato!

Tras tomar una copa en el pub situado junto a la cocina privada, la decisión estaba tomada. Creo que me convertiré en cliente asiduo del Mercado Victoria. Iré mirando pisos hasta que reconozcan mi derecho hereditario sobre la Mezquita que comenzó a levantar mi tatara-tatara-tatara-tatarabuelo: Abderramán I.

 

 

 

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