¡No desperdicies la comida!

Hoy, repasando la prensa matutina, he dado con una noticia que me ha puesto los pelos de punta: los hogares españoles desperdician 60 kilos de comida por persona al año, supermercados y restaurantes tiran a la basura más del 20% de sus alimentos, los ciudadanos españoles gastan 6.800 millones de euros (nada menos que un 0,7% del PIB nacional) al año en comida que no alimentará a nadie.

Me parece alucinante, indignante, cabreante, acojonante. Cuando has viajado por países como India, Camboya, Bolivia o Perú, lugares en los que sí o sí percibes el significado de la escasez y de la desigualdad, resulta difícil aceptar la realidad y la crudeza de estas cifras. Ya lo decía aquel filósofo: “Hommo hominis lupus”, el hombre es un lobo para el hombre. ¿Era Hobbes o era Locke? a ver algún viajero intelectual que ponga un poco de luz aquí.

Es una verdadera pena, pero el ser humano es un animal egoísta y autodestructivo, forma parte de su naturaleza, y como bien le explica el escorpión a la rana en una fábula que os contaré en otra ocasión (si hay petición lo haré hoy mismo) , eso es algo contra lo que no se puede luchar. ¿O sí? en cualquier caso, nostros, en Viajablog, a parte de viajar, no nos cansaremos de denunciar.

Más datos: una décima parte de la comida que los españoles compran cada año acaba en el cubo de la basura: unos 60 kilos de alimentos por persona y año, lo que equivale a unos 150 euros. Frutas o verduras que se pasan, carne o pescado que no huelen bien o lácteos y bollería caducados son algunos ejemplos de productos alimentarios que terminan en el vertedero.
En Estados Unidos, la Universidad de Texas valoró en un 40% la cantidad de comida comprada y no consumida por los nacionales de ese país. En el Reino Unido, los datos hablan de entre el 20% y el 30% de alimentos desperdiciados.
En España, los gestores de supermercados e hipermercados admiten de forma anónima que tiran alrededor del 20% de los alimentos frescos, así como de carne y pescado.

Varios son los factores que parecen perjudican el aprovechamiento de los alimentos, como la progresiva pérdida de la tradición culinaria, la modificación de las estructuras familiares, los cambios en los hábitos de compra. Todo ello empujan en la mima dirección: un progresivo incremento de la comida desperdiciada.
Uno de los factores determinantes en la nueva forma de alimentarse es el tiempo. No lo tenemos y eso nos impide pensar“, explica la profesora de Sociología de la Universidad de Oviedo Cecilia Díaz. A su juicio, existe cada vez menos interés en la alimentación, en aprender cómo aprovechar los restos de algunas comidas para reelaborarlo. ¿Y es que quién no recuerda aquéllas deliciosas croquetas que hacían nuestras madres con los restos del pollo de la cena anterior?
Cecilia Díaz también apunta que la publicidad tiene cada vez una mayor influencia en las compras y que los alimentos frescos no se publicitan, por lo que tendemos cada vez más a la compra de productos envasados, cuyo olvido en el fondo de la despensa o la nevera es más habitual.
Diferentes trabajos internacionales muestran que quienes más desperdician son los que viven solos, seguidos por las parejas jóvenes sin hijos. Y que los que tienen más cuidado con la comida son los mayores de 65 años, que tienen más tiempo para pensar en lo que van a comer y para acudir con mayor frecuencia a los comercios para comprar en menores cantidades a parte de, permitidme esta pequeña aportación personal, los únicos que probablemente saben los que es haber pasado hambre en la vida. En las casas con niños la situación es intermedia, existe una mayor planificación, pero la disponibilidad de tiempo también es limitada.

En fin, que cuestiones como la crisis alimentaria y el calentamiento global -la producción, transporte e incineración del excedente genera una contaminación innecesaria- están aún alejadas de ciertos comportamientos individuales como el despilfarro de comida, a pesar del elevado grado de concienciación que existe entre la población sobre el incierto futuro del planeta. Así que, una vez más, no olvides lo siguiente: Piensa globalmente y actúa localmente. Recuerda que hay muchísima gente que podría alimentarse con lo que tú tiras a la basura y que, al menos, por respeto, merece que revises tus hábitos de compra y de conducta.

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Una respuesta
  1. Anonymous 9 julio 2008