Cicloturismo en Segovia: Palacio Real de La Granja y el Acueducto a golpe de pedal

Prados segovianos

Prados segovianos

Tras una primera jornada de cicloturismo en la que mis piernas sufrieron enormemente mientras arrastraban la bici por preciosos campos y cañadas segovianas, me enfrentaba a una importante decisión en aquellas primeras horas de la mañana del domingo.

De nuevo hoy, los amigos de Bikefriendly, nos ofrecían la posibilidad de elegir entre dos rutas. La primera consistía en un recorrido de no más de 12 kilómetros que discurría por las calles de la histórica localidad de La Granja de San Ildefonso y sus boscosos alrededores. Un segundo trazado compartía la parte de la Granja y se extendía a la cañada que une esta población con Segovia, para después regresar, por caminos rurales, a nuestro lugar de partida y base del fin de semana, Torrecaballeros. En total, unos 32 kilómetros.

Después de acabar extenuado tras la paliza del sábado, me había prometido a mí mismo que no sufriría otra vez así el domingo. Sin embargo, mis músculos parecían recuperados tras el descanso nocturno y hacía un día espectacular que infundía ánimos a cualquiera. Así, justo en el último segundo, tomé la decisión de ser un lastre para el grupo de los ciclistas consumados y disfrutar de la ruta larga. A la postre se demostró que fue la decisión más acertada.

bici_segovia

La Granja de San Ildefonso es un pequeño municipio de no más de 6000 habitantes que posee, sin embargo, un gran patrimonio monumental. Aunque su edificio más emblemático es el Palacio Real, también son dignas de visitar las empedradas calles de su centro histórico y la Real fábrica de vidrio construida en el siglo XVIII.

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Esta zona de la sierra de Guadarrama tuvo una gran importancia para la caza desde los tiempos de la dinastía Trastémere. Los reyes castellanos construyeron un pequeño palacio en la cercana localidad de Valsaín, pero no sería hasta los tiempos del duque de Anjou (Felipe V) cuando se iniciaran las obras del palacio que podemos admirar hoy en día. Corría el año 1721 y el diseño elegido fue totalmente inspirado por los elementos de la corte francesa en Versalles.

El resultado es un bonito y fastuoso palacio rodeado por jardines de impecable orden y tremenda belleza.

Pero como no sólo de arquitectura monumental vive el hombre, pedaleamos por el cinturón de carril bici que rodea La Granja y, al poco, nos encontramos rodeados por un bonito bosque entre cuyos árboles discurría un río jalonado por bonitos puentes de piedra.

Acueducto_segovia

Abandonando el camino principal, conseguimos acceder a un mirador desde donde divisábamos la Sierra de Guadarrama y las verdes llanuras y campos de cultivo que se extienden a sus pies. Un precioso paisaje que nos alimentó de energía para lo que nos quedaba de etapa.

Abandonamos La Granja tomando el ancho carril bici que conecta esta población con la capital de la provincia, Segovia. Son unos 12 kilómetros de buen firme y trazado totalmente llano. Todo un respiro para mis piernas, que habían comenzado a quejarse de nuevo tras las primeras cuestas en los bosques de La Granja.

Una vez llegamos a la ciudad, se acaba el carril bici y nos dirigimos al centro histórico compartiendo la calzada con los coches de los domingueros. Tras pasar unas cuantas rotondas, encaramos una pequeña bajada que muere en una de las obras más espectaculares que podemos encontrar en la geografía española: el acueducto de Segovia. Esta monumental obra de piedra, levantada por los romanos en el siglo II, ha seguido llevando agua, hasta hace bien poco, a la ciudad de Segovia desde el cercano manantial de Fuenfría, situado a unos 15 kilómetros.

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Me habría encantado tener tiempo suficiente para recorrer la ciudad vieja, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1985, y visitar la judería, la catedral de Santa María o cualquiera de las tantas casas históricas, católicas y judías, que salpican las estrechas calles de esta zona de Segovia.

cicloturismo-segovia

Sin embargo, tras hacernos fotos en el acueducto, subimos unas cuantas rampas camino de la salida norte de la ciudad. Nos dirigíamos hasta la cercana Torrecaballeros, nuestra meta del día. La carretera te deja allí tras un liviano esfuerzo de poco más de 10 kilómetros. Pero nuestro amigo Eddy Chozas no nos lo iba a poner tan fácil y nos sacó del asfalto para hacer un último tramo por pistas rurales.

Volvimos a rodar sobre tierra, piedra y parches de césped, mientras pasábamos por pequeñas granjas. Vacas, cabras y caballos y pastaban en los grandes prados que se extendían a ambos lados del camino, custodiados por montañas nevadas y salpicados de rocas . Los granjeros tenían sus pequeñas casas en las pedanías de Trescasas y Cabanillas del Monte, por las que pedaleamos antes de afrontar nuestro último tramo de carretera antes de llegar a Torrecaballeros.

La calzada aquí se vuelve traicionera y se transforma en una cuesta pronunciada de algo más de kilómetro y medio. Toca poner plato pequeño y comenzar a subir con paciencia.

Espectaculares los judiones

Espectaculares los judiones

Cuando llegamos a nuestro campamento base, La Finca El Rancho de La Aldegüela, teníamos un hambre canina, atizada por el buen olor que salía de las cocinas de su magnífico restaurante. Antes tocó lavar nuestras poderosas máquinas de dos ruedas que, otro día más, se habían portado de maravilla.

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Ya sentados a la mesa, pudimos disfrutar de platos de morcillas, aros de cebolla y ensaladas varias que sirvieron de preámbulo al verdadero manjar del día: los judiones con chorizo. Hacía tiempo que no comía algo tan sabroso. Fue el final perfecto a un día de cicloturismo en la provincia de Segovia.

 

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