Carnavales en Cerdeña: los mamutones de Mamoiada

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Era martes de carnaval y ese mimo día nos esperaba una de las fiestas más populares, misteriosas y excitantes de toda Cerdeña: los mamutones de Mamoiada.

Como cada año desde la Edad Media, los sardos de la Barbagia se despedían ese mismo día de la época de carnaval e iniciaban su penitencia.

Así que hacia ahí nos dirigimos. Durante los carnavales, en esta profunda región de Cerdeña, toda una serie de hombres vestidos con pieles de cabra, misteriosas máscaras negras y de expresión trágica y con cencerros colgando de la esplada, van circulando por la calle. Son los mamutones y su origen y significado se pierden en la oscura historia del tiempo.


Los issohadores, vestidos elegantemente de rojo y blanco, organizan el movimiento de los Mamutones y con sus látigos van atrapando a los espectadores. El espectáculo callejero me hizo recordar el vivido carnaval de Verín en Galicia.

El vino y el queso no faltan en la fiesta y en el centro de la plaza se organiza un baile.

Todo es sencillo y popular. La gente del pueblo se reúne en la plaza y alrededor de las calles donde circula esta original procesión venida del pasado y habla con su presencia a través del tiempo con acento medieval.

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Paseamos por el pueblo, bebimos vino y visitamos el interesante museo que ofrece visitas guiadas por cuatro euros. Merece realmente la pena visitarlo. Ofrecen un audiovisual altamente sugestivo, una buena explicación de la festividad y también ofrece una interesante colección de trajes tradicionales de carnaval medieval por toda Europa incluyendo a los peliqueiros de Laza y las trangas de Bielsa.

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Esa misma noche teníamos pensado dormir en Nuoro, la capital de la Barbagia, pero tras la finalización del carnaval la verdadera fiesta empezó y sin darnos cuenta nos encontramos metidos de lleno en el corazón de la fiesta. Cuando nos dimos cuenta ya no era el momento de ponerse a conducir.

Entre copa de vino y cerveza tuvimos suerte y en la locanda Sa Rosada, en el mismo corazón de Mamoiada, encontramos una habitación -enorme, por cierto- donde por 30 euros por persona pudimos dormir y seguir el ritmo de la fiesta sin la obligación de controlarnos por tener que conducir más tarde.

La fiesta continuó hasta altas horas de la madrugada. El pueblo entero había salido para celebrar el final del carnaval. En medio de la plaza había una furgoneta repleta de toneles de vino con grifos para que la gente se sirviera a su antojo. Encontramos una sala de baile al estilo de los pueblos españoles durante los años 50, niños y adultos bailaban vals y canciones tradiccionales como nunca habría imaginado en el siglo XXI. Por todo el pueblo había un buen número de locales ofreciendo panetones, queso y vino y las calles, a pesar del frío, rezumaban un ambiente de fiesta difícil de olvidar.


Mamoiada y sus mamutones permanecerán en mi recuerdo durante mucho tiempo.

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5 Comentarios
  1. nelson 20 marzo 2010
  2. águeda 4 enero 2011
  3. Quique 5 enero 2011
  4. Ernesto 10 febrero 2011
  5. Quique 10 febrero 2011