Descubriendo El Capricho de Gaudí en Comillas

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Vista desde enfrente de la puerta principal de El Capricho de Gaudí

Vista desde enfrente de la puerta principal de El Capricho de Gaudí

Cuando oímos el nombre de Gaudí vienen a nuestra memoria imágenes de la Sagrada Familia, el Parque Güell o la Casa Batlló, pero poca gente sabe que una de las primeras obras en las que dejó su especial impronta el gran maestro catalán se encuentra fuera de las fronteras de su región natal. El Capricho de Gaudí, en Comillas, es una de sus tres únicas creaciones que puedes visitar fuera de Cataluña.

Aterricé en Santander un Miércoles de un Mayo camuflado en lluvias y bajas temperaturas, haciéndose pasar por Noviembre. Hacía unos 140 años un indiano cántabro también regresaba -enriquecido- a su tierra natal. No sé si bajo la misma lluvia.

Máximo Díaz de Quijano y Fernández San Juan nació en Comillas en 1838 y, aunque España aún no era regida por Rajoy o Zapatero, decidió hacer las maletas y marcharse de un país cuyo Imperio se desintengraba a una velocidad casi superior a la que se da en la destrucción de puestos de trabajo actual.

Mientras la Madre Patria agonizaba desangrada en luchas internas y permanente bancarrota, las posesiones de ultramar seguían ofreciendo oportunidades de enriquecimiento rápido a gente avezada y emprendedora.

Maximo Díaz de Quijano regresó a Comillas enriquecido y queriendo tener su propia residencia de descanso estival bien cerca del mar. Y no una cualquiera, sino una que pudiera rivalizar en belleza y diseño con el palacio del Marqués de Comillas. La hermana de Máximo Díaz era cuñada del marqués y el tema de la rivalidad familiar en España creo que nació en cuanto se fueron los árabes.

La creatividad del genio le llevó a construir bancos incrustados en la misma barandilla

La creatividad del genio le llevó a construir bancos incrustados en la misma barandilla

El encargo fue aceptado por un joven arquitecto catalán que comenzaba a maravillar a la sociedad de la época con una visión vanguardista donde equilibraba el peso de la funcionalidad y la decoración. Su nombre era Antoni Gaudí i Cornet, era 1883 y tenía 31 años.

Yo tenía 5 años más que él cuando atravesé por primera vez las puertas del reciento de El Capricho de Gaudí. A mi edad yo no había construído nada parecido y, aunque sí había hecho las Américas, tampoco había conseguido enriquecerme como Díaz de Quijano. El sentimiento de fracaso -agravado por el día gris- se desvaneció rápidamente cuando encontramos la risueña bienvenida de nuestro guía Carlos.

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Pienso que hay decenas de maneras diferentes de vivir o experimentar la visita a un mismo lugar. Depende en parte del interés que tenga el visitante en el mismo pero, en mucha mayor medida, depende de la persona que te lo muestre.

Carlos es una de esas personas entusiastas que ama su trabajo y consigue despertar el interés incluso en los visitantes más reacios a ello. Yo no estaba entre estos especímenes extremos, así que conmigo lo tuvo aún más fácil.

Desde el Patio de Herradura -justo enfrente de la entrada principal- Carlos nos comentaba la historia de El Capricho, sus innovadoras -para la época- características arquitectónicas y anécdotas sobre su creador y su dueño. El relato era tan intenso e interesante que hasta las nubes decidieron poner atención y abandonaron su tediosa tarea de vertir agua sobre nosotros.

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Las vidrieras del interior están decoradas con motivos de la naturaleza que tanto ama

Las vidrieras del interior están decoradas con motivos de la naturaleza que tanto ama

El Capricho de Gaudí combina distintos tipos de piedra, cerámica, cristales, maderas…etc. El genio tenía todo en cuenta. Fue uno de los primeros arquitectos globales a nivel mundial.

Revistió parte del exterior de cerámica verde para que se camuflara con su entorno natural. Utilizó piedra de sillería -extraída de cuencas cántabras- para las escaleras de acceso a la entrada y se preocupó en extremo por el aprovechamiento de la luz natural. Gaudí -amante de la naturaleza- sabía que estaba construyendo en una zona en la que el Sol no se prodiga en demasía, así que se las ingenió para crear una disposición de las habitaciones y salas de manera que la vida de la familia que las habitaran se fuese desplazando por ellas en consonancia con el movimiento del Sol en el firmamento.

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El girasol, por su capacidad para orientarse hacia el astro rey, se convirtió en un icono en El Capricho. Se puede apreciar en la cerámica que cubre la fachada de la entrada principal así como en otros escondites menos obvios.

La fachada de la parte más cercana a la entrada al recinto

La fachada de la parte más cercana a la entrada al recinto

Otra de las cosas que me llamaron la atención es los balcones. Son pequeños y las barandillas se construyeron en hierro forjado. Sin embargo, lo más llamativo es la habilidad de Gaudí para tallar bancos de hierro formando parte de la mismísima barandilla.

Lo mismo ocurre con las ventanas que encontramos en la sala de estar. Utilizando un diseño creado por él mismo, al abrirse y cerrarse dan lugar a un sonido que replica al repicar lejano de campanas. El discreto sonido se pierde en el espacio creado por los altos techos, cuyos diseños son diferentes en cada una de las estancias.

Carlos no dejaba de explicarnos datos, curiosidades e historia de El Capricho y la gente que interaccionó con él. También nos comentó que es uno de los lugares más visitados por el público en toda Cantabria y que él disfrutaba con todo tipo de visitantes pero especialmente con los grupos escolares. En las tardes de verano puedes escuchar música jazz en los jardines y El Capricho puede ser también reservado para la organización de congresos y eventos, tanto empresariales como privados.

Realizamos una última parada ténica en la tienda de regalos tras pasar por el comedor y el dormitorio principal. El gran Carlos nos despidió en la puerta de acceso principal promentiéndonos que la próxima vez nos contaría las leyendas sobre fantasmas que existen en El Capricho de Gaudí, como toda buena casa aristócrata y antigua que se precie.

Gaudí comenzó la construcción de esta residencia en 1883, año en que comenzaba su obra magna: la Sagrada Familia. Las obras de más renombre de su carrera estaban aún por llegar pero arrancaba con algo espectacular. Lo mismo ocurría con nuestro viaje por esta Cantabria infinita.

Sitio Oficial El Capricho de Gaudí

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Una respuesta
  1. JonyMao 29 mayo 2013