El lento resurgir de una joven Camboya


En Camboya, desde el momento en el que llegas a la frontera y das el primer paso en el país hasta que poco a poco te vas sumergiendo en sus entrañas, hay un detalle que te llama la atención: la cantidad de gente joven, muy joven, que se va cruzando en tu camino.

Cuando estuve allí, los encargados de solucionar el traslado y los asuntos de visado para cruzar el paso fronterizo desde Tailandia no creo que sobrepasaran la veintena. El hostal en el que nos hospedamos en Siem Riep estaba regentado por un grupo de chicos y chicas con edades comprendidas entre los 15 y los 25. El chico que nos hizo de taxista durante nuestra visita a los templos de Angkor tenía 18 años. Los trabajadores en una construcción en la que me detuve para echar una ojeada, disfrutaban de sus veintitantos.

Uno se pasea por las calles de la segunda ciudad más importante de Camboya y apenas se encuentra con gente mayor. Una población extremadamente joven impera. Y uno se pregunta: “¿qué está pasando aquí?”. Y es que como siempre, para todo (o casi todo) hay una explicación.

Repasando la historia de Camboya encontraremos muchos períodos oscuros como el vivido a finales de la década de los 70 cuando el país estaba gobernado por los jemeres rojos liderados por un personaje cuyo nombre te recomiendo no menciones demasiado si te encuentras por allí, Pol Pot.

Un cuarto de la población – ¡un cuarto! – fue exterminado entre 1975 y 1979 a manos de Pol Pot y sus secuaces, que pretendían construir ‘una nueva Camboya comunista’. Una Camboya en la que no cabían aquellas personas capaces de pensar por sí mismas o lo suficientemente atrevidas como para hacer pública una opinión. Cerca de 2 millones de personas fueron asesinadas por representar lo que Pol Pot denominó ‘el enemigo oculto’, es decir, todo aquello que consideró contrario a su plan de devolver Camboya hasta un ‘punto 0’, en el que la población volviera a vivir exclusivamente de los cultivos y la ganadería. Maestros, ingenieros, arquitectos y políticos, entre muchos otros, fueron eliminados por ser considerados obstáculos en el camino. Hambrunas y epidemias hicieron el resto. En fin, que el destino decidió cebarse despiadadamente con esta nación asiática.

Luego llegó una invasión vietnamita, distintos períodos monárquicos y abdicaciones, un golpe de estado y una continua sucesión de calamidades. Total, que cuando estuve en Camboya no podía evitar la sensación de encontrarme en un país que sigue en un período de post-guerra con todo lo que ello implica: pobreza, lugares por reconstruir, desempleo, mala infraestructura, epidemias y demás problemas que han dejado como herencia largos años de injusticia.

Sin embargo, el aumento del turismo, el incremento de ayuda internacional, la labor de las ONGs y la inversión, parecen empezar a poner un poco de luz en este largo y tedioso túnel.

Si estás planeando viajar a Asia, desde lo más profundo de mi corazón te recomiendo que incluyas Camboya en tu itinerario. El país de la eterna sonrisa, pese a las inclemencias y su oscuro pasado, rebosa energía e ilusión siendo un lugar que tiene mucho que ofrecer y agradecerá todo lo que tú le ofrezcas.

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2 Comentarios
  1. karlin 15 diciembre 2011
  2. Sergi 15 diciembre 2011