Buceando en Renggis Island de Tioman

Renggis Island Tioman

La Isla de Renggis en la costa de la Isla de Tioman

La isla malaya de Tioman ha sido, hasta el momento, uno de los mejores descubrimientos de este viaje.

Íbamos viajando por Tailandia y nos encontrábamos a gente que nos decía que Malasia no valía mucho la pena, que las playas de Tailandia le daban mil patadas, que hacía más calor y no había mucho para hacer y blabla y blabla. Bueno, no hay nada como ir a un lugar con esas expectativas para alegrarte muchísimo con la realidad.

Malasia es -siempre en mi opinión- un pedazo de país para visitar y Tioman es, sin duda alguna, una isla que no os podéis perder.

Sus aguas son cristalinas y mucho más limpias que las que vi en Koh Payam, Koh Lanta o Koh Mook en Tailandia. Lo mejor de todo es que debajo de la superficie podéis encontrar un verdadero paraíso.

Si os gusta el snorkelling pero no buceáis con bombona -nuestro caso- no hay mejor destino en la isla que la Isla de Renggis.

Podéis contratar tours de una tarde que os llevará con el bote hasta la islita y os dejarán tiempo para bucear. Suelen costar unos 65 RM por persona. Pero os explicaré cómo hacerlo gratis.

Lo primero deciros que la isla no es más que unas rocas grandes con unos pocos árboles encima a unos 200 metros de la playa. Cuando la ves no piensas que puede haber toda la maravilla submarina que contemplamos más tarde.

Nosotros nos alojábamos en la playa de ABC y alquilamos unas bicicletas para todo el día (15 RM cada una). Podéis alquilar tubo y gafas por 8 RM. Fuimos con las bicicletas hasta el resort de lujo de Berjaya, a unos 30 minutos de ABC. Aunque no seas un huésped puedes pasar el puesto de control del complejo y quedarse en la playa desde donde se divisa la Renggis Island.

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Yo me calcé las gafas y el tubo y comencé a explorar las aguas cristalinas de la orilla más cercana a la entrada del resort. No vayáis en línea recta desde el embarcadero porque las lanchas han destrozado el fondo. La ruta por la que nadé por más de 2 horas y media -me lo tomé con tranquilidad observando tantísimo coral y peces de mil clases- es de las que quitan el habla.

renggis_island_malasia

El llegar a nado a la Renggis no está prohibido pero no lo digáis a las personas a las que alquiléis la bicicleta o las gafas porque tendrían un problema si os llega a pasar algo. El peligro de hacerlo es debido a las muchas lanchas rápidas -y otros barcos- que pasan por la zona. La isla es enana y todo el mundo bucea por su circunferencia, punto de entrada también para las lanchas que pueden no verte y pasarte por encima justo cuando emerges. Tienen una zona limitada con boyas pero si vienes a nado tienes que pasar por ahí sí o sí.

Yo opté por jugármela a la hora más tranquila: la hora de comer. A eso de las 2 de la tarde para los servicios por una hora y media o así. Justo a esa hora pasé la franja peligrosa -mirando a ambos lados y con cuidado- y llegué a la plataforma que sirve de descanso para los buceadores.

El camino hasta la isla me había parecido insuperable. Ví nemos, una raya con la piel moteada de círculos brillantes violetas, peces araña y no sé cuántas más especies que desconozco. Pensé que en la isla no vería mucho más. Me equivoqué.

El coral bajo las rocas de la isla es impresionante. Colores diferentes y vivos que sirven de casa y alimento para multitud de cardúmenes de peces de tipos diferentes. Era una especie de selva amazónica sumergida por su diversidad y vida.

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Lo mejor sin duda fue ver dos especies que jamás había soñado con ver antes: la tortuga gigante y el tiburón.

Tatiana me había comentado que uno de los barqueros le había dicho que los tiburones de esta zona eran vegetarianos. Da igual, cuando estás buceando sin guía, ni traje, ni aletas, ni nada y ves a un pedazo de tiburón de metro y medio de grande a unos 15 metros de distancia, te entra un acojone como un capazo.

Apareció de repente y mi primer impulso fue nadar en dirección opuesta. Lo hice al principio pero después me dí la vuelta para seguir observándolo en la distancia. Cuando aparecieron el segundo y tercero tenía algo menos de miedo al ver que el otro me había ignorado completamente. Steven Spielberg todavía no sabe realmente el daño que ha hecho a nuestras impresionables mentes con su peli de Tiburón. Son unos animales impresionantes y no puedes dejar de mirarlos aunque tu impulso sea huir.

Cuando ya pensaba que la cosa no podía ir a mejor apareció la tortuga gigante nadando a un metro de la superficie. Espectacular.

En tierra pueden ser lentas pero nadan a una velocidad considerable y -después de casi 3 horas en el agua- me costó bastante seguirle el ritmo pero conseguí tocarle el caparazón y verla a centímetros de distancia. Tienen una gran majestuosidad en sus movimientos con las aletas y irradian una vejez y sabiduría más allá de la humana.

Regresé exhausto a la orilla y regresamos con la bicicleta a nuestra cabaña en ABC. Nunca le dijimos al dueño de las bicicletas donde habíamos ido: a un paraíso submarino al lado de la playa.

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¡No podéis perderos ésto!

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4 Comentarios
  1. Ronald 26 junio 2011
  2. JD (@aitor_vca) 26 junio 2011
  3. Julen 6 abril 2012
  4. David 8 abril 2012