Hostales de la vieja escuela mochilera en Jerusalén

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Frente al muro de las lamentaciones

El hostal Petra en Jerusalén es un clásico con más de un siglo de historia silbando relatos de viaje a través de sus paredes. Hoy en día, el hostal se encuentra en pésimas condiciones con el suelo lleno de mugre y unas duchas que dan pena. A pesar de su precio económico no lo recomendaría si buscáis comodidad y unos mínimos de limpieza. Ahora bien, si anteponéis esos detalles y lo que andáis buscando son nuevas amistades con viajeros curtidos, sabios, iluminados o trasnochados, sin duda, el Hostal Petra, es tu sitio.

Es un alojamiento de la vieja escuela mochilera, donde viajeros solitarios se reúnen para contar sus historias y ayudarse entre sí mismos. Aunque las paredes y el suelo griten un lavado urgente, el lugar sigue transmitiendo esa extraña voz a la que acuden todos los viajeros con ganas de compartir aventuras e historias que contar.

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El muro de la vergüenza a su paso por Belén

En este hostal charlé con un joven yankee que tras cruzar Oriente Medio con largos períplos por Irán e Irak había llegado a Tierra Santa y, tras sus buenas y malas experiencias en cada territorio, se sorprendía preguntándose a sí mismo si sus aliados se encontraban en Israel o más bien en Irak.

Es en este hostal donde también conocí un peculiar personaje llamado Brian. Británico de nacimiento, llevaba unos cuantos años viviendo en el hostal cortados por algunos periplos en los que andaba por Oriente Medio para investigar y escribir su obra final dedicada a la vida de los 12 apóstoles tras la muerte de Jesucristo.

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Su rostro y, especialmente sus cabellos largos y blancos, recordaban al famoso Gandalf de Tolkien. Habitualmente llegaba antes del anochecer y, sentado en la sala de estar, solía buscar a alguna otra alma viajera con la que compartir una buena charla sobre filosofía, historia o lo que surgiera en el momento.

Sabio y filósofo, compartí unas cuantas veladas con Brian durante mis cinco días en Jerusalén. Sin duda, una de esas personas con algo mágico en su habla. Uno de esos individuos a los que atiendes y te quedas ensimismado escuchando sus historias.

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La Cúpula de la Roca en Jerusalén

Permanecí cuatro noches en el hostal Petra. En más de una ocasión desayuné con Brian en la planta superior de nuestra casa temporal y tras un par de horas charlando con él -el café con leche frío y olvidado a un lado- me daba cuenta cómo postergaba mis planes de visita a una de las ciudades más fascinantes del mundo. Jerusalén podía esperar. Los momentos mágicos de una buena conversación sobre viajes e historia no se encuentran cada día.

No sé si compartirás esta sensación conmigo pero creo que en los viajes hay lugares y situaciones personales que merecen anteponer la comodidad para encontrar viajeros con alma que saben transmitir, que son capaces de despertar en ti sensaciones escondidas con una furtiva mirada o un simple cambio de tono cuando cuentan sus historias con voz propia.

Sin ningún aumento de precio te facilitamos la reserva de tu viaje:

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2 Comentarios
  1. Quique 22 diciembre 2012