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Bombas líquidas en el aeropuerto

Los aeropuertos

Los aeropuertos

A Dios pongo por testigo que no podrán derribarme. Sobreviviré, y cuando todo haya pasado, volveré a pasar líquidos, tanto yo como cualquiera de los míos. Aunque tenga que mentir, robar, mendigar o matar, ¡a Dios pongo por testigo que algún dia volveré a pasar líquidos!

El otro día me volví a subir a un avión y siento comunicarte que mi paso por el control de seguridad fue un auténtico desastre. Sí, volvemos a las andadas.

Hace poco te contaba la sensación de haber vislumbrado el retorno del sentido común durante una de mis últimas experiencias. Pues nada, parece que tan sólo se trató de un espejismo.

Para este viaje había preparado una estrategia que me ayudaría a comprobar hasta dónde es capaz de llegar el sinsentido en los aeropuertos. Llevé conmigo un contenedor de líquidos y lo llené con 150 ml de agua. Mi plan era provocar la atención del personal de seguridad durante el dichoso control de equipajes de mano y debatir sobre la inexistente coherencia que planea sobre sus normas. Tal y como había previsto, el contenedor generó la reacción esperada. El resultado, una auténtica calamidad. A continuación te cuento los detalles.

Mi arma de destrucción masiva

Mi arma de destrucción masiva

Llegó mi turno y comenzó la liturgia de siempre. Abre la maleta, saca el portátil y el neceser. Vacíate los bolsillos, sácate el cinturón y colócalo todo en la bandeja, junto a la chaqueta. El frasco con los 150 ml de agua se quedó en mi mano. “Perdone caballero, el líquido que hay en ese contenedor que lleva en la mano lo va a tener que verter en la papelera” me dijo el chaval encargado del ya cansino procedimiento. Touché, ésta no me la esperaba. “¿Por qué?” contesté yo, “es sólo agua, y no supera los 100 ml permitidos por la norma“. Mentí, pero formaba parte de mi plan inicial.

Mi proyecto pretendía cuestionar la relevancia de los 100 ml permitidos. Había llenado mi botella con 150 ml de agua y, gracias a la insignificante diferencia de 50 ml, planeaba entablar debate con el personal del aeropuerto. El recipiente había sido elegido adecuadamente para poder jugar con las cantidades.

La intención era, primero, averiguar de qué modo serían capaces de verificar la cantidad de agua que había en la botella. Lo siguiente, si se hubieran molestado en comprobar que superaba lo establecido por el reglamento, habría sido beberme allí mismo esos 50 ml de diferencia para que me dejaran pasar con mis 100 ml permitidos. Pero nada de todo esto fue necesario. Lo que sucedió no lo había previsto.

Todavía no consigo ver la luz al final del túnel

Todavía no consigo ver la luz al final del túnel

Retomemos la conversación. “El frasco es demasiado grande. Supera la capacidad permitida” prosiguió el chico. “¿Cómo? Pero lo que cuenta es el contenido, ¿no?” repliqué yo bastante sorprendido. “Lo siento” continuó el chaval, “es demasiado grande“. Y aquí comenzó la conversación de besugos.

Pero vamos a ver. La norma dice que puedo transportar conmigo 100 ml de agua o de cualquier otro líquido, y eso es lo que estoy haciendo. En ningún momento se hace referencia al tamaño del contenedor” insistí. No tenía ninguna intención de dar mi brazo a torcer. “Señor, el frasco es demasiado grande. No va a poder pasar con ese líquido. Si quiere llamo a mi supervisor“. La cosa empezaba a ponerse interesante.

No hizo falta que se lo pidiera, el chico, al verme la cara, dio media vuelta y me dejó allí esperando frente al cinturón, la pasta de dientes, el móvil y la crema de afeitar. A veces me pregunto para qué me molesto en preparar la maleta colocándolo todo de manera ordenada y organizada. Al fin y al cabo, en el dichoso control de seguridad lo tengo que deshacer todo de nuevo. La próxima vez igual aparezco con la maleta vacía y con mis cosas dentro de una bolsa de plástico para, una vez allí, ir examinando junto al siempre entrañable personal de seguridad pieza por pieza y, tras recibir el visto bueno, colocarlas ordenadamente en la maleta.

En fin, sigamos con nuestro nuevo episodio de Waiting for Godot. Regresa mi amigo el chaval junto a un hombre de ya entrada edad, grandullón, con aspecto de llevar años en el asunto. ¡Bien!, pensé. Un poco de experiencia siempre ayuda a poner algo de luz en la oscuridad. “Buenos días caballero. Siento comunicarle que no puede pasar con este líquido” ¡Zasca, toma experiencia! “Pero señor, como le decía al chico, no llevo más de 100 ml que es la cantidad permitida“. La diferencia de 50 ml ya era totalmente irrelevante. Aquí de lo que se trataba era del recipiente, algo totalmente nuevo para mí. “Lo siento señor, la botella es mayor de lo permitido“.

Insistí un par de veces más sobre el concepto contenido versus continente, pero no sirvió de nada. Un hombre que se encontraba detrás de mí en la cola, me miraba con cara de resignación y me dijo “Déjalo correr chico, no conseguirás que entren en razón. Aunque no tenga sentido no hay nada que hacer. Mejor haz lo que dicen y evitarás problemas mayores“. Finalmente le dí el frasco al empleado de seguridad que, muy diligentemente, se acercó a una papelera que había allí cerca y en su interior vertió el agua de mi grifo. El hombre regresó, me devolvió el recipiente y me dijo “ahora puede pasar“.

Las botas también me las tuve que quitar al pasar por el control de seguridad

Las botas también me las tuve que quitar al pasar por el control de seguridad

Frustrado y resignado, tras pasar el control de metales fui cacheado cual sospechoso de haber cometido algún delito y tuve que sacarme las botas para que pasaran por el túnel del terror. Una vez finalizada la indignante experiencia, colocándome ya de nuevo las botas y el cinturón a la vez que reorganizando mi maleta, el supervisor, probablemente viendo mi aspecto derrotado y alicaído, se me acercó de nuevo y con un conciliador tono de voz me dijo “Señor, recuerde que todo esto lo hacemos por su propia seguridad“. Levanté la mirada de mi maleta, la cual estaba tratando de cerrar, y le contesté “¿Seguridad? ¿Seguridad de qué? ¿Seguridad de que cada pasajero que pase por aquí haga el ridículo? ¿Seguridad de que las empresas productoras del agua embotellada que me voy a encontrar a partir de ahora en mi camino se ganen bien la vida a costa de este sinsentido? Porque dígame la verdad caballero, ¿Qué peligrosa acción podría haber realizado con ese poco de agua que traía desde casa en mi botella? ¿Sería Usted tan amable de explicármelo para que al menos lo pueda entender?

Bombas” va y me suelta el buen hombre. “En Londres detuvieron a unos pasajeros que pretendían preparar bombas líquidas en el avión. Llevaban varios líquidos en distintos recipientes que, supuestamente, una vez mezclados se hubieran convertido en detonantes explosivos“. Lejos de impresionarme, miré fijamente al buen hombre y le dije “De acuerdo, entonces contésteme Usted a lo siguiente: si en vez de con un frasco de medio litro y 100 ml de agua en su interior hubiera yo aparecido esta mañana con 5 pequeñas botellas de agua con 100 ml cada una,  entiendo que no habría tenido problema alguno para poder pasar, ¿verdad? Las normas permiten que pase con líquidos mientras éstos no superen los 100 ml de tamaño, pero no dice nada sobre la cantidad de recipientes que un pasajero puede transportar consigo, al menos que yo sepa“. El hombre asintió con la cabeza. “¿Y a Usted le parece lógico? ¿no le parece que hay más riesgo de que la dichosa bomba la pueda construir alguien que lleva 5 botellines de 100 ml que uno como yo que llevaba una contenedor, grande, sí, pero prácticamente vacío?“.

Sí, tiene Usted razón, pero estas son las normas” me dijo. “¿Y Usted las entiende?” le pregunté. “Sinceramente no” me respondió con una cómplice sonrisa dibujada en su rostro, “pero tenemos que acatarlas“. Y aquí terminó nuestra conversación.

Queda un largo camino por recorrer

Queda un largo camino por recorrer

Tan sólo te digo que esto no terminará así. Volverás a saber de mí y de mis aventuras o desventuras por los aeropuertos. Ni soy de los que da el brazo a torcer fácilmente ni pienso que las normas estén para ser aceptadas cuando carecen de sentido alguno. Si nunca hubiéramos cuestionado las reglas de juego, probablemente aún seguiríamos en la Edad Media.

A Dios pongo por testigo que no podrán derribarme. Sobreviviré, y cuando todo haya pasado, volveré a pasar líquidos, tanto yo como cualquiera de los míos. Aunque tenga que mentir, robar, mendigar o matar, ¡a Dios pongo por testigo que algún dia volveré a pasar líquidos!

Algún día habrá que rodar Lo que el aeropuerto se llevó.


Publicado por el Miércoles, 30 enero, 2013
Etiquetas:
Categorías: Reflexiones


4 Comentarios sobre "Bombas líquidas en el aeropuerto"
  1. Marcos dice:

    Tengo la solución para ti, viaja con niños pequeños, nosotros tenemos dos y desde que viajamos con ellos pasamos con: 2 biberones de agua de unos 250ml llenos hasta arriba y otro en un termo de medio litro con agua caliente por si les entra hambre. Además solemos llevar un par de bricks de zumo y algún yogur. Lo más que nos han dicho es que bebiéramos un poco del agua de los biberones, pero por lo general nada de nada.

  2. Daniel dice:

    Si por el contrario, quisieras pasar un bote de gomina de 250 cl, o incluso hasta 7 botellitas pequeñas de Licor 43 por el Aeropuerto de Alicante, podrías perfectamente.
    El problema vendría si intentaras traer de vuelta la gomina sobrante al salir del aeropuerto de Belfast, donde te harán un test de drogas hasta en la crema hidratante.

    Güelcom bac tu Espain.

    • Sergi dice:

      Me pregunto quién dicta las normativas? están elaboradas a nivel estatal? continental? mundial?

      La falta de consistencia es bastante alarmante…

      Qué poca consideración hacia el “cliente” por parte de los aeropuertos…

      Saben que tenemos que pasar por el tubo y se aprovechan de la situación.


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