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India (14) Bijapur: Escapando de la ruta convencional


Celebré mi cumpleaños levantándome a las cinco y media de la mañana. El despertador fue el primero en felicitarme y luego vinieron las prisas, la ropa a medio secar, el empaquetado de mochila por enésima vez, el autobús de las seis de la mañana que ya había partido cuando todavía eran las seis menos cuarto… Todos juntos me vinieron a felicitar y una vez en la estación de trenes de la ciudad, me tomé un buen desayuno y me monté al primer tren que partía hacia Bijapur. Pani water!, pani water!, coldrins!, coldrins!, chai, chai, chai! Volvimos a escuchar la misma canción en cada tren donde no falta de nada!


En cinco horas me planté en esta pequeña ciudad musulmana repleta de preciosas mezquitas, banderas musulmanas celebrando el final del Ramadán y con un montón de chavales que deben ver turistas solamente en los años bisiestos con luna creciente! En el mismo hostal donde me hospedé me informaron que era el primero en llegar desde hacía un par de semanas. Quizás no era el sitio idoneo para celebrar mi cumpleaños pero debía retornar a Mumbai y el lugar parecía óptimo para una parada entre trayectos de tren.

Visité Gol Gumbaz, una impresionante mezquita, donde la llamada galería de los susurros transporta un mensaje a través de 38 metros en 11 repeticiones consecutivas. Hubiera sido una maravilla probar su logrado efecto con algún insulto en catalán pero ya había un colegio entero pegando gritos por la galería para probar su mecanismo!


Con los timpanos a medio explotar, salí de la mezquita y merodee por las calles de la ciudad tomando algun té de vez en cuando, esquivando rickshaws, basura, cerdos peludos, vacas, gallos, cabras, búfalos, carros a caballo, las preguntas de siempre “What is your name, where are you from” Sin interrogaciones pero con mucho entusiasmo!


Acabé metiéndome en un cine, no precisamente por el gancho seductivo de la película que de hecho estaba rodada en dialecto Karnakata!, sino por ver que tal estaba el ambiente. Pague la entrada, 20 rupias, y me meti en el gallinero en un cine bastante mas acomodado de lo que me imaginaba. Una gran pantalla, una sala con un buen sentido de la verticalidad e incluso sillas! No entendí palabra pero por la música era fácil imaginar quien era el bueno, el malo, la guapa (rolliza y pechugona) y el gigolo (mostacho y con pelo en pecho). Esperaba que desde el gallinero la gente se indignara, se exaltara, que lanzara tomates y huevos, pero nada de eso ocurrió. Parecía que todos estaban hechizados por los pechos de la india rolliza y nada los sacaba de su estupor!


Publicado por el Martes, 8 noviembre, 2005
Categorías: India, Viaje al Asia


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