Playas de Florianópolis. Barra do Lagoa

barra do lagoa

Brasil ha dejado una huella en mí que dudo desaparezca algún día. Habiendo conocido países como Argentina, Chile, Bolivia y Perú en un anterior viaje, Brasil quedaba como una incógnita al ser el único de habla no hispana y mayor diferencia cultural. Pues bien, me enamoró totalmente.

En nuestra cuarta semana de periplo por este país, los tres viajeros dividimos nuestros caminos en una versión cutre de Tú a Boston y yo a California: Chicco se dirigió hacia Paraguay mientras que Mattia y yo buscamos algo de playa donde poder recuperarnos de las altas temperaturas sufridas en Mato Grosso do Sul, estado en el que visitamos el Pantanal. Trás consultar a varias personas, decidimos ir a la capital del Estado de Santa Catarina, Florianópolis, donde decían se encontraban unas playas de gran belleza y un ambiente surfero y joven.

Pues dimos en el clavo.

La península, a cuya entrada se encuentra la capital, se divide en las zonas de playas del norte, este, oeste y sur. Dada las distancias y la escasez de transporte público la mejor forma de disfrutar de la península es alquilar un coche y, aún así, varias de las playas salvajes del sur seguirán siendo de difícil acceso. Lo malo es que los precios son más caros que en Europa y a nosotros nos apetecía tener un campamento base y descansar unos días después de un mes de ajetreo por todo Brasil sin haber pasado más de 3 noches en un mismo lugar, así que nos decidimos por quedarnos en Barra do Lagoa.

La zona próxima a la playa está llena de complejos de apartamentos de alquiler (de 3 alturas como máximo, nada de agobios tipo Costa Blanca) para todos los gustos y bolsillos, además de algún pequeño supermercado, restaurantes y tiendas de frutas en las que nos pusimos las botas en cada desayuno pudiendo comprar 1 kilo de fruta por 1 Real (unos 0,30 euros). Deliciosos mangos, sandías, piñas y uvas decoraban nuestra mesa cada mañana.

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La playa -de arena blanca- es estrecha y larga y cuenta con varias escuelas de surf debido a las buenas condiciones para la práctica de este deporte. El precio de una lección rondaba los 25 Reais pero nosotros nos hicimos amigos de unas noruegas que nos prestaron la tabla y nos iniciaron en el tema. ¡Nunca pensé que me fuera a divertir tanto!. Sinceramente lo recomiendo a quien no lo haya probado antes. Sin embargo, las playas surferas por excelencia de la zona son Praia Joaquina y Praia Mole, ambas situadas al sur de Barra do Lagoa y accesibles por bus.

Puedes disfrutar del lugar sin aglomeraciones salvo los fines de semana, cuando familias locales enteras vienen a pegarse su bañito y comenzar el bronceado veraniego. Al atardecer algunas zonas de la playa se convierten en canchas improvisadas de fútbol donde me pegué unos buenos partiditos sorprendiendo al personal al demostrar que podía jugarla bien a pesar de ser europeo. Si ej queeee: ¡mucha filigrana pero poca eficiencia estos cariocas!.Barra do Lagoa Florianopolis

Las playas del norte de la península están más desarrolladas en cuanto a complejos hoteleros y vidilla nocturna, destacando Canasvieiras -reducto argentino-, Daniela, Jureré y la exclusiva Jureré Internacional donde se agrupan verdaderas mansiones de famosos de todas partes del mundo, clubes de golf y restaurantes y pubs exclusivos.

Al sur encontrarás playas de belleza única con pocos lugares para poder dormir y naturaleza en su máxima expresión. A algunas de ellas no se puede acceder con vehículo y tendrás que pegarte un pequeño pateo como la de Naufragados o Pantano do Sul. Si buscáis algo de marcha o vida nocturna olvidáos de bajar al sur.

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Otras a destacar son Campeche y Moçambique. Ambas están en la parte este y desde la primera sale una embarcación que te lleva a contemplar la isla de Campeche. Moçambique es una playa larga y estrecha, extensión de Barra y apenas pisada por los turistas. Tiene bastante vegetación, arenas blancas, excelentes vistas y es ideal para unas carreritas al atardecer para aquellos a los que les guste salir a correr.

Nosotros pasamos 9 tranquilos días en Barra sin hacer grandes cosas salvo una visita a Praia Joaquina, Mole y carreras por Moçambique. Las jornadas eran simples pero felices: desayunito con frutas, playita, comida en buffet, siesta, más playita, algo de deporte y salir a tomar unas caipirinhas con unos amigos italianos que encontró Mattia por casualidad en este pequeño Mundo. A veces, lo sencillo te da la felicidad.

Florianópolis es sinónimo de Paraíso.

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  1. Rodrigo 29 septiembre 2009