La bahía de Killary: Un camino por la historia de Irlanda

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La Famine Relief Walk -se podría traducir al castellano como “el camino a la salvación de la hambruna”- y es, sin lugar a dudas, una de las caminatas por Irlanda que guardo con un recuerdo muy especial. Hace ya unos cuantos años que realicé el trekking que relataré a continuación y me gustaría pensar que las cosas en la bahía de Killary siguen igual; con ese verde intenso esculpiendo las paredes del mayor fiordo en Irlanda y el viento del Atlántico silbando la tristeza de un país que tuvo que partir de casa en busca de un futuro mejor.

El camino parte de la punta final de la bahía de Killary en la comarca irlandesa de Connemara. En su lugar de inicio se levanta el pequeño hostal Connemara en la población de Derrynasliggaun y desde ahí sigue el recorrido de la bahía por su parte sur hasta llegar a la población de Lenanne.

En mi caso partí del viejo monasterio de Letterfrack donde me alojaba y llegué al punto de inicio del trekking realizando autostop.

La bahía de Killary es considerada como el único fiordo existente en Irlanda y su belleza tan poco explorada todavía os dejará con la boca abierta.

Se trata de una caminata sencilla de realizar con múltiples variantes ya que la carretera que une Clifden con Lennane, aunque no sea visible durante todo el trayecto, se encuentra a pocos kilómetros a lo largo del recorrido.

El lugar parece estar apartado de la civilización y cuando pasé por ahí no me encontré ni una sola alma. Se trata de un camino de césped con piedras donde uno va jugando para evitar los charcos y el barro mientras admira la lengua de mar que se adentra en territorio irlandés.

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El camino está repleto de historia. Practicamente todos los habitantes de esta zona aislada de Irlanda partieron caminando a Galway cuando azotó la hambruna en el país a mediados del siglo XVIII. Con el propósito de subir a un barco y zarpar hacia la tierra prometida americana, dejaron casas y recuerdos abandonados en este remoto lugar del país.

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Realizar esta excursión es algo parecido a adentrarse en una historia de fantasmas y recorrer un camino encantado. Hoy en día muchas casas siguen todavía en pie, otras se hallan en ruinas. Algunos campos de patatas todavía desfilan sin cosechar desde hace más de un siglo. Las piernas siguen el camino y, mientras, la mente emprende otro camino muy distinto a través del tiempo y su historia.

El camino es llano, sin apenas desniveles siguiendo el curso del mar. Siete kilómetros separan el punto inicial en el hostal Connemara hasta llegar a la carretera que nos lleva en pocos minutos a Lenanne.

En el momento en que volvemos a la carretera, los fantasmas y el pasado huyen de nosotros. Ya en el pueblo, brindé con una Guinness y una buena sopa de marisco (seafood chowder) por la memoria y la vida de todos aquellos que sufrieron en sus pieles la hambruna de un país desolado.

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  1. Tania 20 enero 2013