Aventura inesperada en el Amazonas


Artículo participante en el concurso de relatos Viajablog.
Escrito por Andrés Fornells.

En aquella parte de la Amazonia no había más carreteras que el río. El brasileño que me vendió la piragua en Moreiro me aseguró que en menos de seis horas podría llegar al poblado de Soares. Lo que no me advirtió aquel tipo astuto y deshonesto fue de los terribles peligros que me iba a encontrar. Iba a favor de corriente, por lo que sólo tenía de preocuparme de mantener la embarcación en el centro del río.

Llevaba unas dos horas de viaje cuando escuché un ruido ensordecedor. Mi inexperiencia no me permitió saber que éste provenía de un rabión, hasta que estuve a pocos metros de él. Solté una maldición y me dispuse a superarlo, pues otra cosa no podía hacer. Mi frágil embarcación se convirtió en juguete de aquella tumultuosa corriente, cada vez más embravecida que la hacía saltar y hasta girar en redondo. Me significó un titánico esfuerzo mantenerla a flote, evitar que se estrellase contra las rocas o volcase. Muy cerca ya del límite de mi resistencia conseguí salir de los rápidos. A continuación el río se ensanchó de nuevo y la corriente fluyó más tranquila.

Dejé caer mis brazos, mis manos soldadas al remo de doble pala. Me sentía exhausto. Me dolía todo el cuerpo. Jadeaba tan fuerte que mis jadeos sobrepasaban el ruido de mi entorno. Descubrí varios arañazos y heridas poco profundas en mis manos. Consciente de que acababa de salvar la vida, di gracias al cielo.

De repente alegró mi vista, con su bello colorido una gran bandada de mariposas amarillas y azules cruzando el río con su torpe aleteo. Y algunos minutos más tarde presencié sobre una plataforma rocosa situada junto a la orilla, la pelea entre un jaguar joven y un pez de grandes dimensiones. Éste último consiguió escapársele seguramente herido de muerte. Eché de menos no tener una cámara fotográfica o de vídeo. Fue entonces cuando miré dentro de la piragua y descubrí que había perdido la bolsa donde llevaba mis provisiones.

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—¡Mierda! ¡Esto sí que es un contratiempo serio! —reconocí malhumorado.

Como si el hambre hubiera estado esperando esta pérdida, se me despertó con violencia apremiante. Tendría que parar donde viera árboles frutales. En aquel momento no tenía posibilidad alguna pues en la orilla vi a varios caimanes tomando el sol. No encontré ninguna orilla abordable y llegué al pequeño embarcadero de Soares muerto de hambre, pero orgulloso del coraje y la fuerza que había demostrado luchando contra los peligrosísimos rápidos.

Andrés mantiene su propia web que podéis ver en Andrés Fornell

Imagen | Che Fotos

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Una respuesta
  1. Marcel 25 mayo 2009