Recorrido en 4×4 por el monte Jata y caminando por acantilados en Uribe

Con los 4x4 por el Jata

Con los 4×4 por el Jata

Recorrido en 4×4 por las pistas forestales del Monte Jata

Cuando inicialmente me plantearon el viaje de fin de semana por la comarca de Uribe pensé que giraría, únicamente, entorno al tema gastronómico. Siempre he sido más amante de la vida activa y el deporte que de un buen plato de comida, pero no conocía Uribe y me apetecía hacerlo. ¡Y menos mal que lo hice!, porque el fin de semana me demostró que aquí puedes encontrar todo lo que un amante del deporte, el paisaje, la naturaleza y la aventura puede desear.

Ya había tenido la suerte de probar el parapente y volver a subirme sobre una tabla de surf en la mañana del Viernes, pero el Domingo madrugué alegre ante la perspectiva de recorrer las pistas forestales del Monte Jata montado en un 4×4.

Desayuné frugalmente en la cafetería del Hotel Loiu -aún notaba los efectos de la magnífica cena,la noche anterior, en el Restaurante Begoña- y me encaramé al microbus con el resto de mis compañeros. El día era espléndido. No eran aún las 10 de la mañana y el Sol ya calentaba lo suficiente como para ir en manga corta. ¿Quién dijo que a finales de Octubre el País Vasco es como Mordor?.

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Los chicos de 4×4 Ocioaventura nos esperaban en Maruri. Esta empresa, con sede en el cercano Bakio, ofrece distintos tipos de aventuras: rutas 4×4 (tanto en Euskadi como en Marruecos), actividades náuticas y alquiler de embarcaciones, pesca deportiva, buceo con bombona, parapente,.. etc… Aquella mañana nosotros íbamos a probar el 4×4.

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Nos dividimos en dos grupos y al mio le tocó el gran Paulino como conductor.

Sólo teníamos una hora para disfrutar del recorrido porque Luis y José Luis debían tomar su avión a Madrid a las 12.30. Fue una verdadera pena y casi conseguimos convencerles para quedarse. Paulino demostró ser un maestro de la conducción que consiguió disparar nuestros niveles de adrenalina en más de una ocasión. Y es que para éso estábamos allí.

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Comenzamos a ascender hacia la cima del Monte Jata -de unos 700 metros de altitud- por unas pistas forestales apenas frecuentadas a aquellas horas del Domingo. El binomio vehículo-conductor hacía fácil lo difícil y subíamos rampas imposibles, plagadas de rocas y ramas. Cuando venía un tramo algo más plano y limpio, Paulino aprovechaba para acelerar y hacernos creer que estábamos en un rally.

A mitad de camino emergimos de los bosques justo en un mirador. A lo lejos observamos la playa de Bakio. Brillantes verdes y azules -de mar y cielo- ocupaban nuestro campo de visión. Nos recreamos lo justo y nos tomamos algunas fotos montados en el asiento del conductor de nuestros colosos de cuatro ruedas. Siempre fui bastante normalito al volante pero sentí el deseo de meter marcha y salir zumbando por aquellas pistas. Paulino debió notarlo porque me apartó con una sonrisa y seguimos ruta.

Al poco tiempo estábamos en la cima del Jata. Fue allí donde probé por primera vez en mi vida el parapente. El círculo se cerraba. Quedaban pocas horas al viaje y traté de disfrutarlo en la bajada hasta Maruri. Una pena no haber tenido tiempo de realizar el recorrido completo con el bueno de Paulino. Quizás la próxima vez… ¡O en Marruecos!.

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Datos Prácticos

4×4 Ocioaventura
Dirección: C/ IBARRETA KALEA 4, 48130 BAKIO, BIZKAYA, España
Teléfono: 946194138/609648999/608876271
Email: bakio@4x4ocioaventura.com
Web: www.4x4ocioaventura.com
La bonita costa de Uribe por la que caminamos

La bonita costa de Uribe por la que caminamos

Caminando por la Costa de Uribe

El sábado por la tarde, después de dar cuenta de una buena alubiada en el Asador Aurrekoetxe de Mungía, el bueno de Iñaki Oñate -cámara y muchas cosas más- nos llevó a descubrir una parte de su tierra que, creyó, merecía mucho la pena. El paseo que dimos por un tramo de la parte alta de la escarpada costa de Uribe no estaba incluido en nuestro programa de viaje. ¡Muchas gracias Iñaki!.

La tarde era perfecta. Comenzamos a caminar en algún punto al este de Sopelana. Tras menos de 10 minutos de caminata por la cresta cubierta de arbustos y hierba, nos asomamos al borde de los acantilados para maravillarnos con la decena de surfers que disfrutaban de las buenas olas que, para la práctica de este deporte, ofrece las aguas de la playa de Meñakoz. El día anterior había tenido la oportunidad de volver a subirme a una tabla de surf en la playa de Sopelana. Cualquier parecido entre aquellos jinetes de las olas y un servidor es como querer comparar al Llanero Solitario con Don Quijote.

Tras quedarme unos minutos observando cómo entraban y salían, montados en sus tablas, de los tubos formados por el bravo Cantábrico continuamos corniseando.

Surferos en la playa de Meñakoz

Surferos en la playa de Meñakoz

Roberto y Maribel, mis amigos del Guisante Verde y vecinos de Bilbao, se encontraron con una amiga que estaba haciendo la misma ruta. Pequeño mundo éste. Un poco más adelante encontramos un tipo que me sorprendió mucho. Hacia yoga situado casi al límite del acantilado. Su posición era increíble: hacía el pino apoyando su cabeza entre sus antebrazos, colocados de manera que creaba una base triangular. No sería el único tipo peculiar que nos quedaba por conocer.

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Un hombre de unos 80 años leía un libro bajo la huidiza, y casi inexistente, luz de un atardecer que ya se cernía sobre nosotros. Era un amante de la naturaleza que solía caer por allí cuando los bosques del interior le saturaban un poco. Conversé con él un rato, sobre la comarca de Uribe, las playas y acantilados que no debíamos perdernos…Y sobre su tranquila vida allí. Había luz en sus ojos, y sabiduría.

Atardecer en la playa de Barrika

Atardecer en la playa de Barrika

Al poco llegamos a la playa de Barrika. Descendí las escaleras que llevaban a una pequeña extensión de piedra gris. Era lo único que nos dejaba la marea alta de la tarde. Allí contemplé un atardecer de fuego. El Sol se despedía de nosotros para irse a tomar unos mojitos al bar de moda de la zona. Justo sobre el acantilado bajo el que se parapeta la playa se encuentra el Golfo Norte. Música en directo, muchos grupos de jóvenes y alegría generalizada en una tarde impropia de finales del mes de Octubre en Euskadi: cielo raso, noche cálida.

Me quedé con las ganas de realizar el recorrido completo y espero volver para cobrarme esta deuda.

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