¿Un cócktail antes de cruzar el Océano Pacífico?


Auckland se encuentra en la isla Norte de Nueva Zelanda y es el mayor centro urbano del país. También es la ciudad más poblada de Nueva Zelanda con 1.3 millones de habitantes aproximadamente, casi un cuarto de la población del país; y, por si fuera poco, los indicadores demográficos apuntan a que continuará creciendo a un ritmo más rápido que el resto del país. Posee el mayor número de población polinesia de entre todas las ciudades en el mundo, y en ella se encuentra también la Sky Tower, una torre de observación y telecomunicaciones que con sus 328 metros de altura está reconocida como la torre más alta del Hemisferio Sur.

Auckland es desde luego una ciudad con numerosos datos de interés y que llama la atención por sí misma.

Trás 4 meses recorriendo varios países asiáticos y después de pasar casi mes y medio afincados en Australia, estábamos a punto de llegar al ecuador de nuestro viaje de 1 año alrededor del mundo. Eso significaba que se estaba acercando la hora de cruzar el Océano Pacífico para emprender nuestros 6 meses de aventuras por Sudamérica.

La forma de cruzar el mayor océano de nuestro planeta no sería disfrutando de un crucero en barco que probablemente nos hubiera llevado semanas – aunque no me habría importado – sino que lo haríamos a bordo de un avión de la compañía Qantas que en 14 horas nos iba a trasladar desde Auckland a Santiago de Chile.

Después de 6 meses en tierras asiáticas y oceánicas éramos conscientes del fuerte contraste social y cultural con el que nos íbamos a encontrar una vez llegarámos a Sudamérica, y lo esperábamos con ganas. Cambios, contrastes, emociones, sensaciones fuertes; al fin y al cabo, esas palabras probablemente definían los motivos que, en el fondo, nos habían empujado a emprender la que sería – hasta entonces – la mayor aventura de nuestras vidas.

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Pero antes de iniciar la que podría catalogarse como segunda etapa de nuestro viaje, teníamos que finalizar la primera, y que mejor manera de hacerlo que en Nueva Zelanda.

Por razones de presupuesto nuestra estancia en el país Kiwi había quedado restringida a tan sólo dos semanas, de modo que había que seleccionar muy bien los lugares en los que concentraríamos nuestro tiempo. Hubo tres elementos que nos ayudaron a organizar nuestras dos semanas: el vuelo procedente de Sydney aterrizaba en Auckland, y el avión que nos llevaría a Chile partía desde esa misma ciudad; queríamos saltar en paracaídas, y que mejor escenario pare ello que hacerlo desde las alturas del fantástico paisaje neozelandés; por último, nos apetecía gozar de naturaleza y aire puro después de unas semanas bastante moviditas en Australia.

Descubrimos que para lo segundo y lo tercero el lugar ideal era el Lago Taupo, a 280 Km de Auckland, de modo que la decisión fue fácil de tomar: nos quedaríamos las dos semanas en la isla Norte y nuestro itinerario sería Sidney-Auckland-Taupo-Auckland-Santiago de Chile.

Otro detalle iba a convertir Auckland en nuestro centro de operaciones: allí se encontraba John, un joven irlandés que había emigrado hacía unos años y que se encontraba afincado en la ciudad junto a Emily, su novia neozelandesa. Nacido en Howth e íntimo amigo de Eoin, primo de Róisín, John se convertiría en nuestro Cicerone durante los días que permanecimos en la urbe. No solamente nos ofrecería su apartamento para hospedarnos durante unas cuantas noches, sino que además, siendo el encargado de un bar de cocktails, se encargó de que lo pasáramos fenomenal. Os puedo asegurar que sin lugar a dudas logró su cometido.

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