Atardeceres en Arica: Imagen del día


Hoy se cumplen 135 días desde que tomé aquel vuelo Madrid-Rio de Janeiro y lo celebré de la mejor manera posible después de tanto ajetreo: pasando un día entero en la playa, tumbado y sin hacer nada.

La ciudad elegida – o más bien que me tocó- para este día de huelga de mochilas caídas fue la norteña ciudad chilena de Arica.

Esto demuestra que en un viaje tan largo como éste, todos necesitamos días en los que paremos de ver y conocer, de entablar conversaciones con gentes del lugar u otros viajeros, de investigar en guías e internet o de regatear precios para ver los lugares más bonitos por el menor precio posible. Hay jornadas que tienes que relajarte, disfrutar, estar solo, leer, escribir, escuchar música. Lo que sea, pero dedicándote el día a ti mismo.

Yo he pasado dos noches en Arica y me he dedicado sobre todo a la vida contemplativa y ahora a ponerme un poco al día con los posts, aunque soy consciente de que me quedarán muchísimos pendientes para cuando acabe el viaje.

Aunque muchos me dijeron que no había mucho que ver ni hacer aquí yo creo que se equivocaban en algo: los magníficos atardeceres en la tranquilidad de su playa.

Tanto ayer como hoy he sido testigo de como el astro rey se hundía en las aguas del Pacífico como quien cae herido derramando su sangre en un espejo. De un amarillo anaranjado, las nubes y el mar han pasado a un rojo casi carmín pasando por diferentes tonalidades naranjas que han dejado al escaso público boquiabierto. Además hoy, en el segundo acto de tan aclamado éxito de la Madre Naturaleza, la vista se ha visto acompañada de decenas de millares de aves migratorias que rasgaron el cielo buscando robar al Sol algo de protagonismo y atraer hacia ellos las miradas de esos seres humanos que tan pequeños parecemos a veces.

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