Ascensión al volcán Merapi en Indonesia

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Oriol Segarra, autor de la fantástica web de viajes Under 1000 roofs, nos visita para relatar a través de sus palabras y bellas imágenes uno de los tekkings más apasionantes del sudeste asiático: la ascensión al volcán Merapi en la isla de Java en Indonesia:

La mayoría de turistas van a Yogyakarta con el tiempo muy limitado y con el objetivo en mente de visitar lo más famoso de la ciudad: los majestuosos templos de Prambanan y Borubudur. Lo que muchos de ellos no saben es que muy cerca de la ciudad también está situado el volcán más activo de Indonesia, el Merapi.

Yo llegué a Yogyakarta con la idea de visitar tan solo los templos, llegué al aeropuerto de Yogyakarta y nuestro anfitrión de Couchsurfing, Anton, nos vino a buscar con coche. Anton es un estudiante de medicina en Yogyakarta y le encanta viajar, nosotros le contamos que nos encantaba el senderismo y que en Indonesia nos chiflaba por los volcanes. Al oír eso, Anton nos señaló con el dedo un cono inmenso que se levantaba al norte de la ciudad, indicándonos que si nos gustaba el senderismo y la aventura deberíamos subir el Merapi, una ascensión de entre 4 a 6 horas que se realiza de noche, para poder ver la salida del sol desde la cima. Nos quedamos con el nombre, y a la que llegamos a la casa por la noche después de haber visitado Yogyakarta, comenzamos a estudiar el plan para subir.

La información acerca del ascenso era escasa, todo el contenido que encontrábamos era de poca calidad o sin mucha precisión en lo que se refiere a tiempos, precios y la posibilidad de hacerlo sin guías. Finalmente, encontramos el blog de un italiano que lo había hecho, el pobre se quedó a medio camino de la cima cuando salió el sol. Con esta información, decidimos llenar el día extra que teníamos en Yogyakarta con una ascensión a un volcán de noche, para nada una mala opción.

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Llegué a Yogyakarta un jueves, el viernes visité los templos de Prambanan y Borubudur, aquella noche yo saldría de fiesta con nuestro anfitrión Anton, que resultó que de pequeño fue una estrella de la televisión Indonesia y tenía acceso vip en la discoteca a la que nos llevó. El sábado por la mañana, después de la resaca comencé a preparar todo lo necesario para una noche subiendo un volcán. En el viaje me acompañaba mi amigo Eric, que un mes antes había realizado la ascensión al Semeru, una caminata de 3 días de alta demanda física, sobre todo el último tramo según me comentó.

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Nos levantamos a las 9pm, cada uno con su mochila, las cámaras y la comida y conducimos la moto alquilada hasta la aldea que quedaba en la base del volcán. Al llegar ahí ya se notaba el frío, habíamos subido casi 1000m en menos de 30km y la temperatura había bajado unos diez grados. La aldea parecía vivir básicamente de la agricultura y la gente que subía al volcán. El 100% de la gente que nos encontramos subiendo al volcán era indonesia, entre los locales el volcán es famoso y temido, cuentan que un espíritu habita en el volcán. Incluso Anton nos advirtió que fuésemos con cuidado que era muy peligroso.

Después de tomarnos un café, comenzamos la ascensión, la subida era muy empinada y el suelo era de arena de polvo, la cual se levantaba a cada paso que dabas y te dejaba medio asfixiado por un segundo. Mientras subíamos, nos percatamos que muchos de los locales estaban subiendo en chanclas, casi todos con las que te sujetan bien los pies pero algunos atrevidos iban tan solo con las chanclas estilo hawaiianas.

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A buen ritmo y con solo un par de pausas fuimos subiendo, cuando llegamos a la base de la cima, nos encontramos con decenas de tiendas de campaña que estaban ahí plantadas haciendo noche; muchos locales optan por subir en dos días en lugar de pegarse la paliza de hacerlo todo en una noche y convierten la excursión en un fin de semana en la naturaleza. El último tramo era subiendo por arena volcánica, la inclinación era de 45º o más y cada pisada que dábamos era una hacía atrás, a los poco minutos teníamos los gemelos ardiendo y las botas llenas de piedras.

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La visibilidad en ese punto era nula, nuestras linternas tan solo iluminaban una pendiente de arena volcánica delante de nosotros; fuimos subiendo hasta que nos topamos con una pared, ya no entreveíamos la punta del volcán y como tampoco podíamos escalar intentamos ir en lateral. Finalmente encontramos un pequeño escalón natural que tuvimos que medio escalar, al subir allí nuestras linternas solo enfocaban una gran pendiente hacia abajo, y ya no teníamos el campamento base a nuestros pies así que pensamos que si nos caíamos ahí podíamos caer cientos de metros. Con mucho cuidado y nervios de acero subimos hasta el cráter.

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Una vez ahí, tan solo entreveíamos el humo que salía del volcán, olíamos el azufre característico de un volcán activo. Mis piernas temblaban y me envolvió un vértigo que pocas veces había experimentado, a cuatro patas me acurruqué en un rincón, eran las 4am, habíamos subido el volcán en cinco horas y sin mucha fatiga. Faltaba una hora para la primera luz, así que decidí echar una pequeña cabezadita resguardado del viento. Me desperté a los pocos minutos de haberme dormido, hacía frío y íbamos en shorts, la temperatura a casi 3000m a las 4am, aunque en Indonesia, es bastante baja. Esta es una de las cosas fascinantes de Indonesia, por la noche puedes estar subiendo un volcán a casi 0ºC y la tarde siguiente surfear en aguas con condiciones perfectas de olas y 27ºC.

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Con las primeras luces, se comenzó a vislumbrar el relieve de la zona y pudimos ver con más claridad la dimensión del cráter y nuestra posición.

A nuestra izquierda, teníamos una arista que rodeaba el volcán unos 50m, esta después se convertía en una pared que caía unos 30m hacía un segundo desnivel donde estaba el cráter en sí, desde donde salía el humo blanco, nuestro único deseo es que este no se tornara negro de repente. A la que comenzó a despuntar el sol pudimos gozar de una imagen increíble, los rayos bajos del sol proyectaron la forma cónica del volcán como un triángulo encima de las nubes bajas que nos rodeaban.

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Las vistas, los colores y las sensaciones me tenían sin palabras, yo no podía dejar de disparar con la cámara intentando captar todo aquello que me rodeaba, tarea bastante difícil pues al final siempre las mejores instantáneas quedaran grabadas en nuestras cabezas acompañadas por el sonido de nuestra respiración, el sudor en nuestra frente y los olores de nuestro alrededor.

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Después de que el sol se situara alto y el calor comenzara a apretar, decidimos bajar. Pensábamos que la bajada sería suave y sin problemas, pero al final resultó ser casi más dura que la subida, no parábamos de resbalar con la arena y las piedras y los locales con los que nos cruzábamos no paraban de preguntarnos si nos podíamos hacer fotos con la gente. Las conversaciones iban más o menos en el mismo orden siempre:

– Míster! De dónde sois?
– De Barcelona!
– Oh! Messi, Messi!
– Sí, el mejor del mundo
– Satu Photo? (una foto?)

Y así casi 15-20 veces, sin exagerar. Al final, bajo un sol de justicia, que te paren tantas veces se convirtió un poco molesto.

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Bajando nos dimos cuenta que en la ascensión, habíamos realizado el último tramo hacía la cima por el camino equivocado, y lo que nos parecía un ladera con caída al inframundo, era en realidad el camino de subida correcto, aún así con una inclinación de 45º y arena volcánica.

A la llegada a la base estábamos agotados, sedientos, y muy hambrientos así que decidimos darnos una recompensa comiendo una pizza italiana cerca de la casa de Anton, en Yogyakarta. El sitio lo regentaba un ex asesor financiero corporativo de Turin que después de visitar Indonesia, decidió venderlo todo, aprender a hacer pizzas y abrir su propia pizzeria en Indonesia. ¿Una locura verdad? Si algo se aprende viajando, es que visiones de la vida hay más que propias opciones de vivirlas, y que lo que nos creemos y enseñan durante nuestra educación, ya sea en casa o en la escuela, son tan solo unas pocas. Solo tenemos que decidir cómo queremos vivir e ir a por ello.

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2 Comentarios
  1. petaqui 16 marzo 2016
  2. Patricio Mc Cormack 15 julio 2016

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