Reflexiones en el Amazonas

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De la estancia en Brasil durante mi viaje de un año alrededor del mundo guardo muy buenos recuerdos. Manaus, Rio de Janeiro, el Gran Pantanal, las cataratas de Iguazú… Brasil es un país con una riqueza natural extraordinaria que no te dejará indiferente, y sus habitantes se encargarán de que te lo pases estupendamente; ¡Viva la samba y la capininha!Uno de las experiencias más inolvidables fue nuestro crucero por el Amazonas.

Llevábamos ya unos cuantos meses viajando por Sudamérica. Habíamos llegado a Santiago de Chile procedentes de Nueva Zelanda. Desde allí cruzamos los Andes y entramos en Argentina. Fuimos bordeando la mítica cordillera, desde Mendoza hasta Ushuaia, pasando por Bariloche, Calafate y Rio Gallegos. Cruzamos toda la Patagonia para llegar a Tierra de Fuego. Una vez alcanzado el fin del mundo, había que volver hacia arriba, y esta vez lo hicimos bordeando toda la costa chilena.

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Tras recorrer Chile entramos en Bolivia y después pasamos por Perú. Una vez en tierras peruanas, nuestra intención era llegar hasta la costa Atlántica, y no queríamos hacerlo por el aire. Así que no quedaba otra opción que sumergirse en la selva amazónica.Una vez abandonados los altiplanos bolivianos y la vida en las alturas andinas durante nuestras visitas a Cusco y Machu Picchu, regresamos de nuevo al nivel del mar. Pasamos por Nazca, para después trasladarnos a la capital peruana, Lima, donde planificaríamos nuestra inmersión en el mundo amazónico.

Pasando por Iquitos y Pucallpa, finalmente llegamos a Santa Rosa, pequeña población ya en selva peruana peruana fronteriza con Leticia (Colombia) y Tabatinga (Brasil). Desde Tabatinga partiríamos a bordo del Fernandes II dirección Manaus, justo en el corazón de la selva amazónica.

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Fueron unos días fenomenales. Las noches eran increíbles, dormíamos en unas hamacas al aire libre y alucinábamos con los sonidos que llegaban desde la selva. Durante el día nos paseábamos por la cubierta disfrutando de la vista y charlando con los brasileños compañeros de viaje.

Un día, mientras me paseaba por el barco, observé durante un buen rato a Róisín, mi querida compañera de aventuras durante un año alrededor del mundo. Con la mirada perdida en el inmenso Amazonas y totalmente sumergida en sus pensamientos, permaneció allí durante horas.

¿En qué estará pensando? me pregunté; ¿en la inmensidad de este río? ¿en los misterios de esta selva? ¿Tal vez en la belleza de nuestro planeta en general? ¿en la infinidad de aventuras que llevamos vividas desde que partimos de Dublín ya ni me acuerdo cuántos meses hace? Quizás no está pensando en nada, y simplemente está grabando este momento en su mente para volver a disfrutar de él algún día.

Puede ser que simplemente intentara ver algún cocodrilo merodeando por ahí; o quién sabe, a lo mejor tan sólo se estaba preguntando qué nos iba dar de cenar esa noche el cocinero del barco.

Nunca se lo pregunté, pero no pude evitar tomar una foto para el recuerdo.

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Una respuesta
  1. Adalberto 16 marzo 2011