Trekking por el valle de Aosta: Del refugio de Barmasse a Reboulaz y al oratorio de Cuney (5º etapa)

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Alta Vía 1
Jornada 5: Del refugio de Barmasse a Reboulaz y al oratorio de Cuney (Valle de Aosta)

Por la mañana me he levantado en el refugio de Barmasse dispuesto a realizar cuatro etapas de la Alta Vía 1 en una sola jornada.

He desayunado junto a las dos ancianas que llevan el refugio y una me ha contado sus peripecias por el camino de Santiago. Tenía ahora en mente realizar el camino a Jerusalén cruzando Turquía entera. Es una de esas personas de mirada penetrante que parecen llegar a lo más interior de tu alma.

He partido con una pequeña bolsa con comida, la cantimplora, la cámara y un cortavientos. Me esperaban unas 10 horas de camino entre llegar al oratorio de Cuney a más de 2,600 metros y volver por el mismo sendero; un total aproximadamente de 30 kilómetros y un par de collados a más de 2,800 metros en medio.

Verdaderamente es una gozada estrenar las montañas en primavera. A finales de Junio no se ve a casi nadie practicar senderismo y eres el primero en trazar el camino que la primavera cubre con su explosión de colores. Eso también entrama la dificultad de seguir bien las señales (a veces cubiertas por la espesa vegetación, otras por la nieve). Sin duda, recompensa al ver una multitud de marmotas sorprendidas y rebecos asustados por tu inesperada presencia.

cascada-alpes-italiaEl camino en dirección a Cuney atraviesa un lindo bosque hasta la Finestre d’Erra. Desde aquí el sendero realiza una diagonal por la montaña hasta llegar al bivac de Tsan. Aquí los refugios no guardados les llaman bivaco. A partir de aquí empieza la ascensión al collado de Tsan que no entrama dificultades. No obstante, su vertiente oeste es algo más complicada realizando un zig zag por una vertiente bastante estrecha.

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Bajando se llega al refugio de Reboulaz en apenas 15 minutos. Se trata de un refugio no guardado en condiciones fantásticas. Hay un par de habitaciones donde las literas están dispuestas con sus mantas y cojines y otra sala donde no falta de nada para hacer de ella tu casita por unos días. El paisaje, en un circo de montañas junto a un lago, es verdaderamente acogedor.

Desde el refugio de Reboulaz se inicia otra ascensión para cubrir el collado de Terray. Es de fácil ascenso y apenas encontré nieve que durante el descenso, en una diagonal partiendo la vertiente de la montaña, sí he encontrado lenguas de nieve que tuve que sortear bajando y subiendo por la ladera. Un verdadero rompe-piernas. Parecía como si la nieve y la montaña trataran de evitar que pudiera llegar al oratorio de Cuney. No obstante, conseguí atravesar la ladera y por fin pude contemplar la iglesia de Cuney a lo alto de un montículo. Entre nosotros nos separaba un último obstáculo. Un río bien crecido. Tuve que sacarme las botas y los calcetines para pasarlo y el agua fría me sentó mejor de lo que esperaba.

Llegué por fin al refugio y oratorio de Cuney. Ambos estaban cerrados ay no encontré ningún monje de clausura que me diera su bendición. Esto no es el Tibet y se predica mejor desde el sofá o a través de emisoras de radio que meditando sobre el sentido del universo en lo más alto de los Alpes.

El paisaje por sí mismo, no obstante, ya merece la pena para pegarse 10 horas de caminata. El refugio y el oratorio se encuentran mecidos en un harmonioso circo de montañas nevadas que vierten agua por todos lados creando lagos y ríos.

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Llevaba 5 horas y media y aproveché para comer y descansar un rato. No podía dormirme porque me esperaba la vuelta y tampoco quería perderme la cena que me preparaban las ancianitas a las siete.

quique-viaje-alpesDurante la vuelta tampoco he visto a ningún alma salvo a un buen número de marmotas asustadas. El valle de Aosta es la tierra de las marmotas, por el camino se ven innumerables agujeros bajo tierra y cada cinco minutos oyes el silbido de alerta que emiten cuando te ven. Sólo en contadas ocasiones puedes sorprenderlas, aunque aun así, en un par o tres de segundos desaparecen de tu vista.

Aunque el camino era el mismo que tracé a la ida, tampoco aburrió. Entre el difícil paso de Tsan y las preciosas vistas se hace divertido y de buen llevar.

Al final, cansado y con la ducha y la cena en mente, se ha hecho algo más pesado pero, sin duda, la opción de retomar los pasos del Alta Vía 1 para contemplar Cuney y Reboulaz mereció la pena.

Al llegar al refugio me sorprendió ver una familia americana (madre e hija) cenando. Las ancianas se alegraron al verme y juntos nos dispusimos a cenar una buena pasta y un plato entero de trozos de carne hervida de todo tipo. Aunque ancianas, no era el tipo de comida italiana que esperaba encontrar. No estaba mal del todo, pero dejaba bastante que desear especialmente viniendo de la mano de un par de abuelitas italianas. Al fin y al cabo, se trata de un refugio de montaña y no de un restaurante con carta incluida!




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2 Comentarios
  1. JC 13 febrero 2012
  2. Quique 13 febrero 2012