Alojamiento y Thai Boxing en Phuket

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Llevábamos ya más de tres meses de viaje. Habíamos pasado por India y Nepal, y nos encontrábamos en Tailandia desde hacía casi un mes. Tras pasar unos cuantos días en Bangkok, nos desplazamos hasta Ko Tao donde nos quedamos tres semanas haciendo submarinismo. Con la licencia de buceador de rescate en la mochila, seguimos recorriendo el sur tailandés hasta llegar a Phuket. No había plan alguno, así que nos fuimos a Pattong Beach a pasar unos días.

Lo primero que hicimos al llegar allí fue, como siempre, buscar alojamiento. Después de visitar un par de hoteles que no nos convencieron, a la tercera fue la vencida. Nos hospedamos en Lucky Mansion, un pequeño hostal en pleno meollo y no muy lejos de la playa. 600 bahts (unos 12 euros) la noche por una habitación con baño propio, aire a condicionado y televisión. No eran los 200 bahts que pagábamos al día por nuestro bungalow en Ko Tao, pero aún así se puede considerar un precio muy razonable hasta para los bolsillos de un mochilero que viaja con un presupuesto limitado.

La primera noche que pasamos allí nos llevamos una grata sorpresa al descubrir que nos encontrábamos justo al lado de todos los bares y restaurantes de la zona. Habíamos venido a pasarlo bien y a disfrutar de la noche tailandesa, y estábamos en el lugar perfecto.

En una calle a pocos metros de nuestro hotel habían colocado un ring y cada noche se organizaban combates de Thai Boxing: un deporte de combate también conocido como el arte de todos los miembros, ya que se utilizan mucho tanto las manos como los pies, los codos y las rodillas. Cuando ves a los luchadores pegarse porrazos, los que reciben en la cabeza son los que parecen más aparatosos, pero un tailandés que conocí me explicaría más adelante que los golpes bajos, así como los producidos por codos y rodillas, son los más dolorosos y los que más dañan al luchador.

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Un detalle que me llamó la atención fue la larga ceremonia que realizan los competidores antes de cada pelea. No sólo se realiza por razones religiosas, sino que también ayuda a los deportistas a estirar bien los músculos antes de que empiece la acción.

Lo pasamos tan bien presenciando estos combates que lo convertimos en una especie de rutina; cada noche, después de abandonar la habitación y antes de ir a cenar, nos acercábamos hasta la calle donde se encontraba el ring y, sentados en la primera fila, disfrutábamos de un par de buenas peleas y, cómo no, de una buena Singha.

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2 Comentarios
  1. Nuria 26 febrero 2008
  2. Sergi 26 febrero 2008