Altea y Calpe, escapadas en la Costa Blanca alicantina

Las vistas desde la cima del peñón de Ifach hacia el Sur

Las vistas desde la cima del peñón de Ifach hacia el Sur

Aunque le tengo mucho cariño a mi ciudad de nacimiento, Alicante, cuando la gente me pregunta qué hay para ver en ella tampoco les creo falsas expectativas.

A ver, que no se me malinterprete. Estoy parcialmente de acuerdo con aquello de que “Alacant és la millor terreta del món” porque la verdad es que tenemos un clima privilegiado y una calidad de vida realmente envidiable. Sin embargo, si el visitante viene buscando monumentos o lugares de riqueza arquitectónica, quizá no sea el lugar más adecuado.

Pero para eso tenemos una provincia con numerosos atractivos. Dos de las perlas costeras que se pueden visitar en un mismo día son: Altea y Calpe.

Altea

Altea

Altea

Uno de los pueblos más románticos de los situados a orillas de la Costa Blanca.

Para llegar podéis tomar el servicio de tram desde el centro de Alicante o acceder por carretera por la nacional 322 (gratuito) o la AP-7 (peaje de 5,20 euros para vehículos ligeros).

Altea tiene una de esas playas de piedras de las que se han ido eliminando del litoral alicantino. Es cierto que tus pies tendrán alguna queja pero esto también hace que haya menos gente en la playa y que no tengas que sacudirte la arena al salir.

Las vistas desde la playa son realmente bonitas, con la Serra Gelada (Sierra Helada, que separa Benidorm de Alfaz del Pí por la costa) al sureste y la famosa roca del Peñón de Ifach al norte.

Las cúpulas de la iglesia de Altea

Las cúpulas de la iglesia de Altea

Sin embargo, no es su playa lo que atrae a los turistas a Altea.

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El casco histórico de este pequeño pueblo de menos de 25.000 habitantes, tiene un encanto especial. La mejor opción para recorrerlo es dejar el coche en el paseo marítimo y comenzar el ascenso de la pequeña colina a pie. Es entonces cuando debes dejar perderte en la maraña de calles estrechas de casas bajas blancas que componen el centro de Altea.

El mejor momento del día para hacerlo es el atardecer. Hay varios balcones-miradores que dan al mar y donde puedes tomarte algo mientras el cielo se va tiñendo de naranja primero, y violeta más tarde.

Todas las callejuelas confluyen, finalmente, en la plaza adoquinada que corona la colina y que está presidida por la iglesia de Nuestra Señora del Consuelo, con sus dos cúpulas, símbolo de la ciudad.

Alrededor de la plaza se concentran la mayor parte de los restaurantes de Altea. Son de corte más bien romántico, resaltando la afinidad del destino para parejas que buscan encender algo la chispa. Pero para aquellos algo más crápulas, también hay algunos baretos en esta zona donde tomarte la penúltima mientras escuchas buena música rock.

De los restaurantes situados fuera del casco antiguo os recomiendo los arroces que hacen en el Sant Pere 25, donde no hay carta donde elegir pero todo lo que te ponen está exquisito.

Otros monumentos de interés son la Torre de La Galera o la de Bellaguarda y la iglesia monasterio de las Carmelitas Descalzas.

Calpe

También existen yacimientos arqueológicos en el peñón

También existen yacimientos arqueológicos en el peñón

La hermana gemela de Altea, tiene dos atractivos principales: el peñón de Ifach y los restaurantes de pescados, arroces y mariscos.

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El peñón emerge del mar cual Pan de Azúcar brasileño. Este parque natural es zona de nidificación para más de 80 especies distintas de aves, entre ellas el halcón peregrino y el cormorán. Sin embargo, lo que más verás si decides hacer el camino a pie que te lleva hasta lo más alto de esta roca calcárea de 332 metros, serán gaviotas. Están por todos lados y sus incesantes graznidos te acompañarán durante toda la caminata.

El sendero es bastante fácil y apto para casi todas las edades. Tan sólo hay un par de puntos algo más complicados que cuentan con cuerdas para ayudar en la ascensión.

Las vistas desde la cima son espectaculares, pudiendo llegar a observar la isla de Formentera y el puerto de Santa Pola en días de visibilidad máxima. Una excursión que vale mucho la pena.

Vistas de Calpe con las salinas al fondo

Vistas de Calpe con las salinas al fondo

 

Como la caminata te habrá abierto el apetito, lo primero que harás al bajar será acercarte al paseo marítimo de la playa sur, la de Arenal-Bol. Allí se alinean varios restaurantes cuyos comerciales estarán en sus puertas intentando captaros con ofertas irrechazables de pescado fresco, sabrosos arroces y mariscos de gran tamaño. Los precios son bastante asequibles aunque algunos pecan de ir demasiado en busca del cliente guiri con poca cultura culinaria mediterránea. Es decir, ofrecen el típico menú de sangría cabezona, bandeja de pescado frito y arroz de mediana calidad.  Hay que saber encontrar la perla entre la mediocridad.  La Viña, La Casa y Patio de la Fuente son tres de los mejores restaurantes del pueblo.

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Resulta extraño ver, casi incrustadas en el casco urbano, un complejo de salinas naturales. Unas 150 distintas especies de aves pasan por aquí cada año.

Si después de la caminata en el peñón, una buena paella y la visita a las salinas, aún tenéis ganas de acabar el día con unas buenas vistas del atardecer, debéis subir a la ermita de San Salvador, del siglo XVIII, desde donde divisaréis toda la bahía.

 

¡Os espero!.

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