India (11) Agonda, un paraíso en Goa

En mi época las castañuelas eran de piedra!.- exclamo Amin sostendiendo un par de castañuelas de madera que una preciosa niña utilizaba para cantar y mendigar.

Amin me acompañó a la estación de autobuses y en el tren de camino nos encontramos con aquella niña mendigando en los vagones. Amin, cuando niño, se había pateado todos los trenes y las calles con una par de piedras cantando y pidiendo dinero. Estuvieron charlando los dos en hindú sobre sus paralelas experiencias y el brillo en los ojos de Amin traspasaba la barrera de las lenguas. Fue una verdadera lástima que tuviera la cámara en el lugar mas remoto de la mochila.

Nos despedimos con un hasta luego ya que decidí instalarme unos días en Mumbai a la vuelta y trabajar en la ONG antes de partir el fatídico 20 de noviembre de vuelta a Barcelona. Dejé aparcada la idea de apuntarme a un curso de meditación ya que probablemente conocer el mundo de estos niños va a ser una experiencia mucho mas rica y para meditar ya tengo al maestro Valls en Barcelona!

Los autobuses cama en India comparados con los chinos son una auténtica delicia! Llegué a la estación esperándome lo peor (o sea, China) y me encontré con un autocar decente cuyas camas se movían de manera aceptable. A efectos comparativos, los autocares con cama chinos tendrían un grado 9 en la escala Ritcher mientras que los hindús aprobaban con un más que aceptable 4 y medio.

Ningún turista en un autocar directo a Goa (algo que todavía no me explico) y un montón de hindús camino a casa para celebrar el Diwali. Los trenes estaban llenos a una semana vista.

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Había comprado un billete hasta la última parada en Goa, Margao, y veinte minutos antes de llegar todavía no tenía claro adónde ir. Finalmente lo dejamos a la guía – lotería y premio! Agonda: Una playa larguísima, con arenas y rocas, palmeras y canoas, cangrejos y millares de conchas. Apenas se ve media docena de hoteles (que no dejan de ser casas locales que alquilan alguna habitación) que todavía no dañan los límites vírgenes de la playa.

Me instalé en casa María donde me prepararon la especialidad de Goa: Pescado al curry. Un plato que los amantes del pescado y del picante tienen que probar alguna vez antes de ir a la tumba o a Varanasi! Un arroz con granos normes probablemente cultivado a un par de km. de distancia, el primo Zumosol de la sardina y unas alubias en salsa de coco, cebolla y chillies que ardía maravillosamente en el paladar.

El legado portugués en Goa después de más de 4 siglos de colonización se refleja en cada rincón de sus pueblos y ciudades. Desde mansiones coloniales hasta catedrales barrocas pasando por un sinfín de casas con nombres tales como Domingues, Coutinho, Peres y Fernandes.

Visité al día siguiente la playa de Palolem un poco más al sur. Aquí el turismo se ha instalado con más vehemencia debido a la incomparable playa de unos dos km. de largo cubierta de palmeras y una preciosa isla tropical en su lado norte. Sin duda, digna de aparecer en un calendario con las doce playas mas idílicas del planeta. La cerveza existe en esta parte de la India y es una playa ideal para relajarse y a la vez tener todas las comodidades de Goa sin el follón del norte.

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Al tercer día en Agonda alquilé una Vespa para recorrer la costa en sentido norte. Mis únicas practicas de moto las había tenido con il professore Guidotti en Tailandia y la verdad es que si aprobé, lo hice justito… La moto había que encenderla a base de patadas y más de una vez tuve que pedir ayuda a los hindús que se reían al verme desesperadamente dando patadas a la moto…

La primera parada la hice en cabo de Rama Fort. Podría haber parado antes para tomar unas fotos de la espectacular jungla por donde la carretera se adentraba, -esquivando vacas, búfalos y alguna serpiente- pero encender aquella maldita máquina cada vez me costaba diez minutos, la paciencia y los nervios! Nunca he visto en Asia una moto cuyo botón de start funcione como dios manda y eso de darle patadas para arrancar es un infierno!

El cabo de Rama Fort goza de unas espectaculares vistas a través de la costa sur de Goa. Antigua prisión portuguesa, la fortificación se halla en ruinas y esta repleta de monos enormes!

De nuevo en la moto -esta vez a la cuarta patada conseguí arrancar!- visite las playas de Varca, Cavelossim y Mobor con un chapuzón en cada una. Sin rocas y protegidas de palmeras, estas playas se extienden de manera maravillosa a lo largo de la costa con algunas urbanizaciones. Aún así, después de ver unas cuantas playas en Goa me sigo quedando con la primera que escogí a modo de loteria: Agonda!

A la vuelta pare a comer en Betul, un pueblo junto a un amplio estuario en un páramo idílico a la sombra de palmeras, papayas y plataneros. En el estuario se aprecian un buen numero de canoas en su curso hacia al mar o de vuelta con las redes llenas de pescado.

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Llegué a casa María con la Vespa en perfecto estado. Me pegué el último chapuzón del día en mi playa preferida en uno de esos ocasos anaranjados en los que no te importaría nada compartir en buena compañía, quitarse la máscara de Ulises y terminar la Odisea!

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Una respuesta
  1. Xavih 3 noviembre 2005