¿El Viajero nace o se hace?

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Observando los progresos de mi hijo de diez meses y después de haber recorrido con mi mochila países como India, Tailandia, Australia, Chile, Argentina, Brasil, Bolivia y muchísimos más, me vino una pregunta a la cabeza: “¿El viajero nace, o se hace?”

Cuando Jordi se dedica a gatear o a dar sus primeros pasos por la casa agarrándose a mis manos, el destino favorito de sus cada vez más veloces gambeteadas no es otro que la puerta de la calle.

Desde muy pequeños, todo ser humano tiene una especial predilección por todo aquello que es nuevo, por lo extraño, por aquello que es diferente, en definitiva, queremos conocer lo desconocido.

Empezamos abriendo cajones, armarios, puertas o cualquier otro aparato que nos separe de aquello que hay al otro lado, aquello que no sabemos lo que es pero que por algún extraño motivo ardemos en deseos de descubrir.

La mayoría probablemente coincidiréis conmigo en que los mejores días de nuestra larga vida escolar eran aquéllos en los que nos íbamos de excursión. ¡Que excitante era preparar aquella mochila que llenaríamos con todo lo necesario por si una catástrofe ocurría y debíamos sobrevivir en el bosque, en la montaña, o donde fuera, hasta que nos rescataran! Una cantimplora llena de agua fresca y la carne rebozada o un pedazo de tortilla de patatas en la fiambrera se convertían en nuestros compañeros inseparables durante las primeras aventuras de nuestras vidas.

Con el tiempo, inconscientemente, ese espíritu de aventura se va apagando. Esas ansias de cruzar la puerta de la calle, esas ganas de que llegue el día de la excursión van desapareciendo, y poco a poco se van sustituyendo por otros asuntos, ya sea un buen puesto de trabajo (cómodo, estable y cerca de casa a poder ser), una relación de pareja que nos cuestionamos infinidad de veces, o cualquier otras historias varias, ya sean el fútbol, el carajillo, el mando a distancia, o cualquier otra excusa barata para no levantar el culo del sofá.

Desde Viajablog queremos animarte a rescatar al aventurero que hay en tí. A recuperar ese espíritu de ir en busca de lo desconocido, A coger de nuevo la mochila, la cantimplora y la fiambrera y dejar que la vida te sorprenda. A que cuando estés en casa dejes que el instinto te vuelva a dirigir hacia la puerta de la calle.

Y es que sin lugar a duda en Viajablog pensamos que todos, desde el primero al último, hemos nacido viajeros, lo que pasa es que a veces, a algunos más que a otros, simplemente se nos había olvidado.

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Una respuesta
  1. Anonymous 1 noviembre 2008